Hoy había bastantes personas en casa.
La familia de Sofía preparó el gran comedor para los invitados.
Cinco adultos y dos niños se sentaron alrededor de la enorme mesa redonda con capacidad para diez personas.
A Samuel le encantaba Ana, y no dejaba de mirarla con una enorme sonrisa.
—El cabello de Anita es precioso. Rizado, brillante y tan suavecito... Parece una muñequita de porcelana hecha a la medida.
Ana se tocó la pequeña tiara en la cabeza y explicó con alegría: —Es el regalo de cumpleaños de mi tío Lorenzo.
—Es bellísima —dijo Samuel riendo.
—El tío Lorenzo también me encargó una de diamantes. El otro día dijo que en quince días ya la podría recoger.
Samuel sonrió aún más. —Entonces avísame cuando llegue, quiero venir a verte luciendo como toda una princesa.
Pero...
Los grandes ojos de Ana se giraron para mirar a Sofía.
Desde que su mamá regresó de la costa, no había vuelto a mencionar a Lorenzo ni una sola vez, y él tampoco les había vuelto a llamar.
Parecía que... algo malo había pasado.
Karina tomó un trozo de Pargo a la Plancha y lo puso en el plato de Samuel.
—¿Tienes hambre? Come un poco.
—Sí, lo que diga mi esposa —respondió Samuel, llevándose el pescado a la boca.
Karina le advirtió en voz baja: —Los hijos de la Doctora Valdivia son adorables, pero hay gente mala allá afuera con malas intenciones. Por eso, no debes ir por ahí comentando lo inteligente que es Sebastián o lo hermosa que es Ana, ¿entendido?
Samuel asintió. —Entendido. Hay demasiada gente mala que se roba a los niños, debemos proteger a los nuestros.
Karina cruzó miradas con Sofía.
Ambas sonrieron.
Siempre habían manejado el tema de la privacidad con mucho cuidado.
Karina y Samuel salieron de la casa a las cuatro de la tarde.
En cuanto subieron al auto, ella le dio indicaciones precisas:
—Cuando lleguemos a Puerto Esmeralda, te estacionas en la orilla de la calle, fuera del complejo, y me esperas en el auto.
Al escuchar esto, Samuel casi pega un grito y se incorporó en el asiento.
—¿Por qué no puedo entrar contigo?
—A acompañarte. Si voy contigo, no te sentirás sola.
Ella seguía firme en su decisión de no dejarlo entrar.
—Samuel, hoy iré sola. Te prometo que, de ahora en adelante, vayamos a donde vayamos, iremos juntos, ¿sí?
Samuel abrió la boca, dispuesto a seguir insistiendo.
Pero al ver que la expresión de Karina se tornaba seria, hizo una mueca y finalmente cedió.
—Está bien. Ten mucho cuidado y llámame si me necesitas.
—Lo haré.
Al escuchar el sonido de la puerta abriéndose, la señora Guzmán, la empleada por horas que llevaba años trabajando para Hernán, dio un respingo.
Subió las escaleras a toda prisa con sus viejas piernas.
La puerta de la habitación de Hernán estaba abierta. Desde anoche dormía así.
Todo por la inestabilidad emocional de Renata durante su embarazo.
Temía que ella necesitara algo a mitad de la noche y él no pudiera escucharla a través de la puerta cerrada, perdiendo la oportunidad de correr a su lado al instante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...