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Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 397

Cuando la policía irrumpió en la casa, Úrsula ya estaba petrificada por la escena, tumbada en el suelo, con las manos manchadas de la sangre de Zulema. No dejaba de murmurar una y otra vez:

—No fue mi intención.

La policía se abalanzó sobre ella y la inmovilizó. Úrsula siguió forcejeando, pero de nada servía.

Alberto cayó de rodillas al lado de Zulema. Al ver su rostro pálido, intentó sostenerla con manos temblorosas. Pero al rozar su hombro, Zulema soltó un gemido ahogado y una fina capa de sudor cubrió su frente.

Milagros lloraba a mares en sus brazos, completamente aterrorizada, agarrándose con fuerza a Zulema.

—¡Mamá!

Zulema, débilmente, la consoló:

—Mila, no tengas miedo, mamá está bien.

La voz de Alberto temblaba:

—Zulema, suéltala, déjame ver la herida.

Él jamás había perdido la compostura de esta manera. Justo en ese momento, pasos apresurados se escucharon en la entrada.

Sebastián Ríos prácticamente entró corriendo, seguido de unos guardaespaldas. Llevaba el pelo desordenado, prueba de su desesperación por llegar. Su mirada pasó por alto a todos y se clavó directamente en Zulema. Sus pupilas se dilataron y se apresuró a acercarse.

—Háganse a un lado.

Sebastián se agachó junto a Zulema, presionó la herida para detener la hemorragia, y le ordenó al guardaespaldas que estaba detrás:

—Trae el botiquín de primeros auxilios.

Alberto no se movió; permaneció de rodillas al otro lado. Tenía los ojos rojos, abrió la boca pero no pudo pronunciar una sola palabra.

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