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Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 157

Julia dejó escapar un suspiro interno. A su edad, ya había visto mucho de la vida y entendía mejor que nadie cómo estaban las cosas; la barrera invisible que existía entre Zulema y Felipe le resultaba evidente.

En este momento, era imposible que Zulema estuviera dispuesta a aceptar una nueva relación. La pobre muchacha apenas estaba saliendo de un matrimonio que la había dejado exhausta física y mentalmente. Ahora mismo, tenía la cabeza llena de su trabajo, y no le quedaba la más mínima energía emocional para detenerse a evaluar qué lugar ocupaba realmente la gente de su entorno.

Y en cuanto a Felipe, llevaba diez años esperando; un poco más de tiempo no haría gran diferencia.

Ambos eran sus estudiantes más queridos, y no quería que ninguno de los dos saliera lastimado, pero cuando se trata de sentimientos, nadie tiene el control.

Lo único que le quedaba era hacerse de la vista gorda. Jamás volvería a mencionar la idea de juntarlos frente a Zulema, ni le contaría a Felipe lo que acababa de escuchar en la habitación.

Hay respuestas que solo el tiempo puede dar.

Una semana después, Zulema tomó la decisión definitiva de que le dieran el alta.

Ya le habían retirado los puntos de la herida en su brazo izquierdo. La piel nueva aún lucía de un tono rosado tierno, pero ya podía moverse sin mayores complicaciones. La única indicación era no cargar objetos pesados ni mantenerse en una sola postura por mucho tiempo.

El médico había mencionado que su recuperación era mucho mejor de lo esperado, pero sugirió que se quedara dos días más en observación.

Pero ella ya no aguantaba. En el laboratorio tenía un montón de datos acumulados esperando a que los revisara, y Úrsula Salazar acababa de unirse al Instituto. Cada día extra que pasaba en la cama, la ansiedad crecía dentro de ella.

No podía permitir que Úrsula se metiera en sus proyectos a sus espaldas.

Esa mañana, Julia y Felipe llegaron muy temprano a la habitación. Mientras Julia le ayudaba a guardar en la bolsa de viaje las cosas que había acumulado en la mesa de noche, le soltó un ligero regaño.

—Ya te dije que te quedaras unos días más, pero tú siempre tan terca. Desde que entraste como estudiante del profesor Ortiz, siempre has hecho lo que te da la gana. Pero ¿sabes lo preocupada que estaba? Y no soy la única, allá en casa tu profesor también ha estado dándole vueltas al asunto. Ayer todavía me preguntaba si no podía convencerte de que te quedaras otra semana, y le dije que eras imposible de persuadir.

Zulema, sentada al borde de la cama, se puso el abrigo y sonrió con un tono algo mimado.

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