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Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 136

Hizo una pausa, entrelazó las manos a la espalda y adoptó su postura de líder absoluto.

—¡Traigan el látigo!

Al oír esto, la señora Fajardo palideció, saltó de su asiento y se plantó frente a su hijo.

—¡Don Patricio! ¿Qué significa esto? ¿Qué hizo David para merecer un castigo semejante?

Don Patricio soltó un bufido frío y golpeó el suelo con su bastón.

—¿Y todavía lo preguntas? ¿No viste cómo le habló al enviado de los Ríos? ¿Acaso no entiende que un solo comentario suyo podría arruinar la posición de toda la familia en Villa de los Ángeles? Si Sebastián Ríos invierte en nuestro proyecto, ascenderemos drásticamente. ¿Y este tonto qué hace? ¡Le contesta con semejante altanería! ¡Es una falta de respeto imperdonable!

Cuanto más hablaba, más se enfurecía. Las venas de sus manos se marcaban, y su mirada saltó de la señora Fajardo a Julián, y luego al resto de la sala. Su voz temblaba por la furia reprimida.

—Les he enseñado mil veces a ser prudentes, a no buscarse problemas en la calle. ¿Y qué hacen ustedes? Zulema es la única que jamás me ha dado dolores de cabeza.

Julián bajó la cabeza a regañadientes y murmuró por lo bajo.

—Pero si ella fue la que llegó tarde... No puede tener tanto favoritismo.

Don Patricio tenía un oído finísimo y no se le escapó ni una palabra.

Lo miró con frialdad, con una mirada cortante como el filo de una navaja.

—Julián, veo que sigues inconforme. Si eres tan listo, entonces logra que Sebastián Ríos venga personalmente a defenderte.

Julián se atragantó, su rostro se puso de un rojo púrpura y el aire se le quedó atrapado en la garganta.

Apretó y aflojó los puños, escupiendo con malicia.

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