—Cuando yo muera, el Grupo Jara puede ser tuyo, pero debes proteger a Rafaela. Esa es mi única condición.
—Si al final Rafaela está dispuesta a aceptar tu identidad o no, eso es asunto suyo. La actitud de Rafaela será mi actitud...
—Comparado con... ¡Miguel! Prefiero que seas tú quien esté al lado de Rafaela.
—El tiempo puede curarlo todo. Dale un poco más de tiempo a Rafaela, y se olvidará de Miguel.
Tras colgar, Liberto hizo otra llamada...
La noche era larga y silenciosa.
***
Rafaela durmió plácidamente. Cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que el lugar a su lado estaba vacío. Buscó su celular debajo de la almohada y miró la hora: apenas las nueve y media.
La habitación estaba vacía. Levantó las sábanas y fue al estudio contiguo al dormitorio. Al ver a la persona de pie frente al ventanal, Rafaela se acercó. Liberto, al oír sus pasos, se giró y la abrazó.
—¿Por qué no dormiste un poco más?
—Ya me desperté. —Rafaela se apoyó en el pecho del hombre y cerró los ojos—. ¿A qué hora te levantaste?
—¿Hubo problemas en la empresa?
—Sí, estaré bastante ocupado estos días.
No era la primera vez que estaba ocupado.
Liberto iba a la empresa y, de paso, llevó a Rafaela a la universidad.
Casualmente, en el mismo camino hacia la escuela, se encontraron con un conocido carro blanco que los rebasó cuando se detuvieron en un semáforo.
Rafaela, que sostenía un espejo de mano mientras se pintaba los labios, no notó la fugaz mirada que se posó en ella.
—Por la noche, vendré a recogerte —dijo Liberto.
—¿No es Rafaela? Escuché que le bajó el novio a Penélope.
—Al principio no lo creía, pero... resulta que es verdad.
—No puede ser, ¿no está Penélope comprometida?
—Pensé que estaba con el presidente del Grupo Jara, pero resultó ser Raúl Lozano, un egresado de derecho de nuestra escuela.
—¡Quién sabe! A lo mejor Penélope no pudo competir con Rafaela. El presidente del Grupo Jara tiene muchísimo dinero, y Rafaela es mucho más guapa que Penélope. Cualquier hombre elegiría a Rafaela. Penélope no perdió por nada; no le queda más que aceptarlo.
Rafaela, con los brazos cruzados y usando tacones altos, caminaba con paso lento, precisamente para escuchar qué nuevos rumores circulaban por la escuela durante su ausencia.
—Oigan, miren, ahí viene Penélope. El que la trae, ¿no es Raúl?
—Esto es increíble, los cuatro están aquí. Se va a poner bueno el chisme.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...