Esa frase parecía claramente un dardo para Macarena. Cuando esta le sirvió el vaso de agua caliente a Rafaela, su voz sonó suave.
—Cuidado, está caliente.
—Gracias.
Alguien comentó:
—Estos tres crecieron juntos, qué bien se llevan.
—Hace mucho que no te veíamos. ¿Por qué no te quedas a cenar con nosotros esta noche?
Rafaela vio a Liberto zafarse de aquel grupo de personas, salir al exterior y encender un cigarro.
—No puedo. Esta noche voy a cenar con mi papá en casa del señor Jara. Liberto y yo no pudimos celebrar el Día de Reyes en casa por estar en el extranjero, y pensábamos compensarlo hoy.
Lo que había sucedido en la familia Jara había causado un gran revuelo. La familia Cruz no podía intervenir directamente en asuntos de negocios, así que solo pudieron hacer lo posible por suprimir las noticias en el país y reducir el impacto negativo. Después de que el presidente interino del Grupo Jara sufriera un «tiroteo», un «accidente de coche» y una «explosión», todos pensaban que era muy difícil que sobreviviera. Verlo ahora, sano y salvo, demostraba que tenía una suerte de hierro.
—Si esta noche no puedes, no hay problema. Entonces, que sea mañana por la noche.
>>Hace mucho que las dos familias no nos reunimos.
Tras dudar un momento, Rafaela asintió.
—Sí, de acuerdo. —También se dio cuenta de cómo Macarena era tratada como una sirvienta, llamada de un lado a otro. Si bloqueaba la vista de alguien, inevitablemente recibía una mirada de desprecio, una advertencia cargada de aversión.
—Sigan platicando, voy al baño. —Rafaela dejó el vaso.
—Te acompaño —se ofreció Macarena.
—Gracias, no es necesario. Sé dónde está.
—Maritza, a mí nunca me ha gustado Alonso. Igual que tú, siempre lo he visto solo como un amigo.
—Si no te gusta Alonso, ¿de verdad te gusta ese fenómeno? —preguntó Maritza, poniendo las manos en la cintura con indignación—. ¿Qué tiene de bueno? Te trataba fatal, y no solo es que se vea intimidante, sino que además no es nada bueno contigo.
Rafaela, viendo que no llegaría a ningún lado, cambió de tema de inmediato.
—¿Y Fabio Soto? ¿Por qué no lo he visto?
—Ya no quiero saber nada de él. Rafaela… ¿a ti te gusta Fabio? Si te gusta, te lo puedo dar. Es mejor que esté contigo a que esté con él.
>>Ahora Fabio es muy exitoso. Vi su celular y tiene muchísimo dinero.
—¿Tan rápido la señorita Maritza pasó de hacerla de celestina a querer robarme a la esposa?
Maritza sintió un escalofrío recorrerle la espalda justo antes de escuchar esa voz sombría detrás de ella. Todavía le tenía algo de miedo a Liberto. No sabía por qué, pero aunque fuera un tipo sin abolengo que venía de un pueblo, su aura y su mirada… eran iguales a las de Alonso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...