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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1150

APA. CAPÍTULO 64. Un hombre en shock

—Podrías ayudarme —siseó Sven entre dientes.

—Sí.

Luc no fingió lo contrario. Quizá podía mover contactos. Pagar equipos jurídicos todavía más caros. Buscar acuerdos. Utilizar relaciones construidas durante años. Pero no haría nada.

—No voy a hacerlo. Porque eso sería como enseñarte que todavía mereces rescate después de herir a otras personas con toda la maldit@ mala intención.

Sven lo miró fijamente y retrocedió.

—Entonces vete.

Luc se levantó. No hubo abrazo ni reconciliación, pero tampoco una última amenaza. Solo dos hermanos que alguna vez habían sido tan parecidos que una mujer pudo convertir aquella semejanza en el centro de una venganza, y que ahora apenas compartían algo más que sangre.

Luc caminó hacia la puerta hasta que una última pregunta de Sven lo detuvo.

—Luc. ¿Valió la pena?

Él comprendió la pregunta: Odette. La empresa. La ruptura con los Amsler. Todo.

—Sí —fue su única respuesta, y luego se marchó.

No salía ileso, por supuesto que no, pero Odette estaba en casa cuando regresó, esperándolo. No preguntó qué había dicho Sven, solo contuvo el aliento mientras Luc dejaba las llaves y se acercaba a ella.

—Se terminó.

—¿Estás bien? —Odette sostuvo su mirada y Luc pensó durante unos segundos.

—Creo que sí.

—Entonces ven. —Ella tomó su mano—. Tenemos un problema mucho más grave.

Luc se tensó en un instante.

—¿Qué pasó?

Y Odette señaló el corredor.

—La habitación de tu hijo parece una tienda infantil después de un terremoto.

La preocupación desapareció de su rostro y Luc le hizo un puchero pequeño, agradecido.

—Dijiste que organizarías la ropa.

—Dije que decidiría dónde iba.

—Eso es organizarla.

—No para una diseñadora.

Luc dejó escapar una risa, porque ellos, su propia familia, era exactamente lo que necesitaba.

Pasaron el resto de la tarde terminando la habitación. Los dos apartamentos ya estaban unidos y el antiguo corredor había sido transformado para conectar las zonas comunes. Conservaban ambos despachos y suficiente espacio independiente para que ninguno sintiera que había desaparecido dentro de la vida del otro.

La habitación del bebé estaba casi lista. Habían elegido dos nombres semanas atrás, después de descartar suficientes opciones como para nombrar una pequeña ciudad, pero todavía no sabían si venía una niña o un niño.

Luc terminó de montar una repisa mientras Odette organizaba ropa diminuta en los cajones.

—No entiendo cómo una persona que todavía no ha nacido tiene más ropa que yo.

Odette lo miró horrorizada.

—Eso es porque tienes poca.

—Tengo suficiente.

—¡Eso no existe!

Luc decidió no discutir. Cuando terminaron, Odette se sentó en la butaca junto a la cuna y Luc permaneció detrás de ella, con las manos sobre sus hombros. Durante unos minutos contemplaron la habitación en silencio. Todo estaba preparado: la cuna, la ropa, los pañales, las cosas que habían comprado sin saber si realmente necesitarían la mitad.

Y Odette apoyó una mano sobre su enorme vientre.

—¿Sabes qué quiero ahora?

—¿Comida?

—Además.

—Eso complica mis posibilidades —suspiró Luc y ella sonrió.

—Quiero aburrirme.

Luc arqueó una ceja.

—¿Aburrirte?

—Muchísimo. Quiero levantarme, trabajar, comer contigo, discutir por alguna estupidez y acostarme. Sin apuestas. Sin demandas. Sin gente desapareciendo con dinero. Sin conglomerados cayéndose.

—Parece ambicioso.

—Después de estos meses, creo que nos lo merecemos.

Luc se inclinó y besó su cabeza.

—Podemos intentarlo.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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