Bajó la voz para contarle lo sucedido, su enfado creciendo con cada palabra.
—Ni me digas. César y su tío Dante son igual de poco fiables. Todo es culpa tuya por consentir tanto a Wendy. No quiso estudiar y se casó tan joven. Y ahora mira en qué lío está metida.
—¿Pero qué pasó exactamente?
—¿Acaso no es obvio? César y Wendy volvieron a discutir. ¡César tuvo el descaro de admitir frente a ella que todavía ama a su exnovia! Dime tú, aunque de verdad siga pensando en ella, no puede decírselo a Wendy en la cara. Y menos ahora, que está embarazada.
Al oír esto, el rostro de Manuel se ensombreció y sus puños se apretaron con fuerza.
—Ese César… ¿de verdad cree que la familia Quiroga es fácil de intimidar?
Salomé, indignada, continuó.
—Yo siempre dije que no eran compatibles, la diferencia de edad es demasiada, sabía que no durarían. Pero tú insistías en que él la quería de verdad. ¡Y mira ahora! Acaban de casarse y ya han tenido varias peleas. ¡Imagínate lo que les espera!
Manuel respiró hondo, intentando controlar su ira.
—Primero, cálmate. Deja que Wendy descanse. Mañana mismo hablaré con el abuelo Santillán para saber qué pretenden. ¡Esto de casarse parece un juego de niños! ¡No nos toman en serio!
—Bueno, por ahora no han firmado el acta de matrimonio. Si de verdad no funciona, pues que así sea. Total, solo tenemos a Wendy, y si tiene al bebé, mejor.
—Ay, no queda de otra.
…
En su recámara del segundo piso, Wendy estaba recostada en la cama, con la mente hecha un caos. Repasaba una y otra vez todo lo que había sucedido en los últimos meses. Desde julio hasta ahora, en solo medio año, sentía como si hubiera vivido otra vida.
Y de alguna manera, lo había superado.
"Todos los hombres son iguales", se dijo a sí misma. "Al final, el amor siempre termina de la misma forma. Wendy, ya sufriste una traición terrible que te costó tu familia. ¿Acaso no has aprendido la lección? Esta vida es para mí, para mis papás. Sin amor, igual voy a vivir una vida increíble, voy a brillar… Bebé, juntos lo lograremos".
—Intenta no darle tantas vueltas a las cosas. No te lo tomes a pecho. Pase lo que pase, papá y mamá siempre estarán aquí para apoyarte.
Wendy, conmovida y arrepentida, respondió.
—Mamá, lo siento, te volví a decepcionar. Tenías razón, debí haberte hecho caso.
Salomé le acarició la cabeza.
—No te culpes, no es tu culpa. El error fue nuestro, por pensar que César sería un buen hombre. Resultó no ser mucho mejor que Dante. No pienses demasiado, concéntrate en tener a tu bebé y en planear tu futuro.
Wendy asintió con docilidad.
—Sí, mamá, entendido.
Planeaba resolver los asuntos de la empresa en los próximos días y luego irse al extranjero para esperar tranquilamente la llegada del bebé. Una vez que naciera, podría quedarse a vivir allí. No había necesidad de volver a Puerto San Ángel.

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