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Tu Tío en mi Cama: El Inicio de mi Venganza romance Capítulo 130

En los días siguientes, Wendy se sumergió en la alegría de convertirse en esposa y madre.

La boda se fijó para el 9 de enero.

César fue increíblemente atento, pasaba cada día a su lado, cuidándola con una ternura y una dedicación que superaban a cualquier equipo profesional de maternidad.

Una semana antes de la boda, César canceló todos sus compromisos laborales para acompañar a Wendy en los últimos preparativos.

El día que fueron a recoger el ramo de novia hecho a medida, el florista le entregó un ramo de rosas champán. Sin embargo, César frunció el ceño de repente. —Cámbialo por girasoles, a ella le gustan.

Wendy se quedó perpleja.

No recordaba haberle dicho que le gustaban los girasoles.

Aunque no le desagradaban, no le parecían la mejor opción para un ramo de novia.

—…Oye, no quiero girasoles, se me hace un poco raro.

César insistió: —¿No son tus favoritos?

Wendy frunció el ceño. —No es que no me gusten, pero tampoco me encantan.

—Prefiero rosas blancas, y… tengo una sorpresa especial. Pensaba poner una rosa de oro entre las demás, a ver quién es la afortunada que la atrapa.

César reflexionó un momento y sonrió con ternura. —Está bien, como tú prefieras.

Wendy sonrió con dulzura. —Entonces, decidido.

Para su cortejo nupcial, solo había invitado a sus cuatro mejores amigas.

Y había preparado una rosa de oro macizo.

En el momento de lanzar el ramo, verían quién de ellas tenía la suerte de atraparla.

Tres días antes de la boda, estaban acurrucados en el sofá revisando la lista de invitados.

Wendy señaló un nombre con duda. —¿Y Adriana y Dante… les mandamos invitación?

Wendy se había levantado temprano y estaba sentada frente al tocador.

Observaba en el espejo cómo su rostro se iba transformando con el maquillaje, mientras la falda de su vestido de novia se extendía por la alfombra como una nube.

Sus cuatro damas de honor, ya arregladas, la felicitaban con alegría. —¡Felicidades, Wendy!

—Tenemos que bloquear bien la puerta, no podemos dejar que el novio se lleve a la novia tan fácil.

—¡Exacto, hay que ponerle muchos juegos y desafíos! Solo si los supera podrá entrar.

—Pero es el señor Santillán… mejor hagámoslo de forma simbólica, no nos pasemos.

—Sí, con que sea algo formal es suficiente, no hay que ponérselo muy difícil —dijo Wendy, sonriendo a sus cuatro amigas mientras la maquillaban.

—No te preocupes, sabemos lo que hacemos —dijo Isidora Pizarro, la dama de honor principal, mientras le arreglaba la falda del vestido y bromeaba—. Además, por muy poderoso que sea el señor Santillán, hoy nos tiene que obedecer. ¿Cree que se va a llevar a nuestra Wendy así como así?

Yoli añadió: —¡Claro que no, hoy tú eres la reina, la que manda!

Wendy no pudo evitar reír. En el espejo, sus ojos sonreían y sus mejillas tenían un rubor natural.

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