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Tu Tío en mi Cama: El Inicio de mi Venganza romance Capítulo 110

—No, me da miedo que le pase algo al bebé.

—No pasará nada, tu esposo solo te va a abrazar…

Su abrazo era cálido y le daba una sensación de seguridad.

Acurrucada en su pecho, incluso sin hacer nada, sentía una profunda alegría y tranquilidad.

A la mañana siguiente, Wendy fue despertada por un rayo de sol que se filtraba por la rendija de las cortinas.

El lado de la cama junto a ella ya estaba vacío, solo quedaba un rastro de calor.

Se incorporó y se frotó los ojos, sin poder evitar un bostezo.

—¿Despertaste? Levántate y come algo, en un rato nos vamos a la villa.

Wendy salió del dormitorio.

César ya había preparado el desayuno.

Sopa de nido de golondrina, sándwiches, huevo frito, jugo de fruta fresca y ensalada de verduras.

Sencillo pero saludable.

Al verlo, Wendy sintió una inmensa felicidad. —¿Tú hiciste todo esto?

César sonrió con ternura. —¿Quién más?

—Vaya, eres increíble —dijo Wendy, mirándolo con admiración.

Realmente pensaba que era asombroso.

Pocos hombres cocinaban, y menos aún uno como él, un multimillonario.

César le arregló un mechón de cabello rebelde con un gesto tierno. —Mi papá llamó ayer para decirnos que fuéramos temprano.

—Después de desayunar, llama a tus padres. Pregúntales a qué hora planean ir.

Wendy sintió un nudo en el estómago. —Entonces… ¿deberíamos llevar algún regalo? No queda bien ir con las manos vacías, ¿verdad?

César rio en voz baja y le pellizcó la mejilla. —No te preocupes, ya preparé todo lo necesario. Tú solo pórtate bien. Mi papá es muy fácil de tratar.

A pesar de sus palabras, Wendy seguía algo inquieta.

El abuelo Santillán la quería mucho y siempre la había tratado como a una nieta.

Pero ahora…

De nieta a nuera, de abuelo a suegro.

¿No era un poco incómodo?

Al verla preocupada, César le dio un golpecito en la frente. —¿En qué piensas?

Ella asintió, algo avergonzada. —Es que se siente extraño. Antes siempre lo saludaba como abuelo, y de repente tener que decirle suegro…

—Poco a poco te acostumbrarás —dijo César, tomándole la mano—. Anoche mi papá no paraba de decir lo feliz que estaba de que por fin su «casi nieta» se convirtiera en su nuera de verdad.

Justo en ese momento, el mayordomo entró con varias cajas de regalo muy bien presentadas. —Señor, los regalos están listos.

César le indicó que los dejara en la entrada y se volvió hacia Wendy. —Vámonos, entre más pronto lleguemos, mejor. Por la tarde te llevaré a elegir el vestido de novia.

—¡Sí!

A las once de la mañana.

La mansión de la familia Santillán.

Los sirvientes iban y venían, ocupados en los preparativos de un almuerzo suntuoso.

El abuelo Santillán estaba de un humor excelente; incluso se había puesto una camisa de algodón de estilo oriental, muy festiva.

Adriana, Mauro Santillán y Dante también habían llegado temprano.

El abuelo Santillán dijo: —Hoy es un día de gran alegría, debemos recibir al señor y la señora Quiroga como se merecen, sin faltar a la cortesía.

Dante también lucía radiante, vestido con un traje que le daba un aire de distinción.

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