Después de escuchar las palabras de Leticia, Rose bajó la mirada, sumida en sus pensamientos.
Leticia no estaba segura de si Rose había comprendido el verdadero significado de sus palabras, pero era su única oportunidad, una que le había dado a regañadientes, por el cariño que le tenía a Mercedes.
La noche de Año Nuevo era una fiesta sin igual.
El Lago de la Bella Montaña había organizado un espectáculo de fuegos artificiales para los residentes.
Alex y Lynn eran los que más disfrutaban de eso.
Pese a luchar contra el sueño, aguantaron hasta la medianoche para ver el cielo iluminarse y luego, se durmieron en un instante en los brazos de Leticia y Leonardo.
De vuelta en casa, llevaron a los dos pequeños a sus habitaciones.
Cuando Leticia bajó las escaleras, Rose ya estaba acomodada en la habitación de invitados.
Valerio había subido una botella de vino helado de la bodega y en ese momento estaba sentado solo en la sala, con apenas una lámpara de pie encendida, disfrutando de su copa.
Leticia se acercó, Valerio le llenó media copa con el vino y se lo pasó.
"Val, ya no eres ningún niño, ¿no te da miedo beber tanto y tan tarde?" Leticia tomó asiento.
Valerio soltó una carcajada y le preguntó: "¿Qué tiene de malo? Oye... ¿qué pasa contigo?"
Leticia agitó su vaso con desgano. No era de su agrado, claramente era una botella que Valerio había escondido en su última visita.
"¿Qué?" Preguntó ella.
"Tu secretaria, ¿por qué la trajiste a casa?" Indagó Valerio.

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