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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 220

El oficial, sin intenciones de enredarse en dramas sentimentales, fue directo al grano:

—Las peleas físicas pueden sancionarse con arresto o multas. Pero considerando que no pasó a mayores, si ambos están de acuerdo, firman un acta de conciliación y se pueden ir. ¿Qué opinan?

—Yo no estoy de acuerdo con conciliar —dijo Hanna con firmeza.

Todos voltearon a verla de inmediato.

Hanna estaba sentada erguida, con las manos entrelazadas sobre las rodillas, pronunciando cada palabra con una claridad aplastante.

—Luciano me ha estado acosando sin parar estos últimos días. Hoy, me bloqueó el paso en el pasillo del hospital y se negó a dejarme ir.

—El señor Serna solo intervino para ayudarme.

—Si hay que buscar a un responsable, Luciano fue quien inició la provocación, el señor Serna solo actuó en defensa propia.

—Hanna... —murmuró Luciano, con un hilo de voz lleno de incredulidad y dolor.

Ella finalmente giró la cabeza y lo miró a los ojos.

Era la primera vez que lo miraba de frente desde que llegaron a la delegación.

—Luciano, dime en qué estoy mintiendo.

—¿Acaso no me cerraste el paso?

—¿Acaso no fuiste tú el primero en lanzar un golpe?

—¿Cuántas veces más tengo que pedirte que me dejes en paz?

—Y señor oficial, hay algo aún peor. Este hombre, mi futuro exesposo, hace un momento estaba en el hospital interpretando el papel del devoto marido de otra mujer que está embarazada.

—A veces me pregunto si no sufre de algún trastorno de doble personalidad. ¿Con qué cara se atreve a seguir llamándose mi esposo?

Luciano abrió la boca, pero las palabras no le salían.

Se dio cuenta, de golpe, que todo lo que Hanna decía era cierto.

Sí, la había bloqueado. Sí, él había golpeado primero. Y sí, había estado en la habitación de otra mujer actuando como el esposo de Rocío frente a la mismísima Hanna.

Pero no quería que ella se fuera.

Verla al lado de Julián le había provocado un ataque de celos insoportable, hasta perder la cordura.

El viento de la noche se colaba por su camisa, pero no sentía frío.

Solo sentía un inmenso vacío.

Su celular vibró. Era un mensaje de su asistente: Señor Larios, la señorita Rocío ha estado intentando llamarlo sin éxito y nos pregunta a qué hora regresará.

No respondió.

Hanna se subió al auto de Julián. El leve chasquido de la puerta al cerrarse resonó en los oídos de Luciano como una condena definitiva.

Desde los escalones, vio cómo el auto se integraba al tráfico, las luces traseras haciéndose cada vez más pequeñas hasta desaparecer entre las luces de la ciudad.

Una sensación de pérdida absoluta se apoderó de él. Sentía que había perdido demasiado.

Lo que nadie imaginaba era que, a la mañana siguiente, el escándalo ya sería tendencia.

A las tres de la madrugada, un medio de farándula llamado Flash Farándula publicó un extenso reportaje en redes sociales.

El titular no podía ser más escandaloso: ¡TRIÁNGULO AMOROSO EN LA ALTA SOCIEDAD! ¡El heredero de Corporativo Larios y Julián Serna, fundador de Sistemas Fotónicos y distinguido catedrático, se van a los golpes por una mujer y terminan en la delegación!

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