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Tres años a tus pies, hoy te los rompo romance Capítulo 9

Los Patriarcas Villagrán eran el punto débil de Estela.

Faltarles al respeto era cruzar la única línea que ella jamás perdonaría.

Al ver que Estela se atrevía a lastimar a Inés, Adrián explotó de ira.

—¡Estela! ¿Estás buscando que te mate? —le rugió.

Inés ahogó un grito de dolor.

Al reaccionar, miró a Estela con rabia.

—Tú... ¡Te volviste completamente loca!

¡De verdad estaba demente...!

Tanto Adrián como Inés tuvieron la misma reacción al ver esta faceta de Estela.

Estaban seguros de que había perdido la cabeza.

Si no, ¿cómo se atrevía a tratarlos así?

Durante estos tres años se acostumbraron tanto a la mujer cobarde y patética, ¡que olvidaron quién era realmente hace tres años!

Inés, soportando el dolor, gritó:

—¡Si ya no quieres el puesto como esposa de Adrián, solo dilo! ¡Sobran mujeres rogando por tomar tu lugar!

Ella nunca toleró a Estela.

Durante tres años, había buscado incansablemente la manera de sacarla de la familia.

Pero debido a los quinientos millones de pesos, nunca se atrevió a cruzar el límite.

¡Pero ahora, Estela le acababa de dar la excusa perfecta en bandeja de plata!

Al ver la cara de satisfacción de Inés, Estela soltó una risita burlona.

—Pagué la absurda cantidad de quinientos millones por este estúpido título... ¡y lo único que conseguí fue que cualquier perra me ladre y me humille! Tienes razón, ¡ya no lo quiero!

Reinaba el silencio.

Al oír la declaración de Estela, todos la miraron boquiabiertos.

Especialmente Inés, quien parpadeó varias veces.

—¿Q-Qué dijiste?

¿A quién le estaba llamando perra?

Además... ¿Estaba diciendo en serio que ya no quería su título?

Inés miró a Estela, y luego a Adrián, buscando en sus ojos alguna explicación sobre qué demonios había pasado entre ellos esa tarde.

Adrián frunció el ceño, acosado por los recuerdos en Residencial Citrino.

Estela se levantó y caminó lentamente alrededor de Inés, irradiando opresión.

—Originalmente, la sola idea de pisar esta casa me daba asco.

—Pero sabía que este inútil de Adrián no iba a tener los pantalones para transmitirles mi mensaje con claridad. Así que vine a entregarlo personalmente.

¿Por qué sacaba ese tema ahora?

¿Realmente no quería el puesto? ¿Realmente planeaba irse de la familia?

No, no se atrevería...

Los Patriarcas que la protegían ya estaban muertos. Si también perdía el amparo de los Serrato, se quedaría en la calle.

Si no se atrevía a irse, ¡entonces solo estaba haciendo un escándalo! ¿Por los celos hacia Benita y Adrián?

Era cierto que últimamente Adrián había sido demasiado evidente con su aventura.

¡Pero Estela no tenía el derecho de armar semejante circo!

Pensando en esto, la mirada de Inés se volvió aún más despectiva.

Al ver cómo el rostro de Inés cambiaba de colores, Estela adivinó lo que pensaba.

Se echó a reír con sarcasmo:

—¡No tienes con qué pagar! Entonces, ¿con qué derecho te atreves a echarme?

El tono implacable dejó a Inés blanca como un papel.

Antes, siempre era ella quien humillaba a Estela. Ahora que los papeles se habían invertido, Inés se quedó sin argumentos.

Estela dejó de prestarle atención y se miró las uñas, molesta al ver que no tenían su manicura habitual.

¡Qué vida tan miserable había llevado ese ente en su cuerpo!

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