—A menos que Damián descubra que tienes un talento invaluable, algo que supere por mucho al de cualquier otro empleado, jamás volverá a darte una oportunidad. El Grupo Figueroa está lleno de la élite mundial; esperar que te note entre todos ellos es como buscar una aguja en un pajar. Tienes que triunfar al primer intento. La vida no tiene ensayos generales, ni te da segundas o terceras oportunidades para equivocarte.
Clara no se imaginaba que Damián fuera un líder tan despiadado y exigente.
Los nervios se apoderaron de ella y el pánico escénico amenazó con paralizarla.
Bianca le puso una mano firme en el hombro.
—Puedes hacerlo. Tu inglés es impecable. Solo sigue la estructura que practicamos y no habrá errores. Además, has estado trabajando conmigo lo suficiente como para dominar estos algoritmos a la perfección. ¡Si yo digo que puedes, es porque puedes!
Clara dudaba de sí misma, pero confiaba ciegamente en Bianca.
Se dio la vuelta, terminó de organizar sus notas y se colocó en la cabecera de la sala de reuniones.
Solo faltaba que Damián cruzara la puerta para comenzar la presentación.
Pero cuando la puerta se abrió... quien entró no fue Damián, sino Melisa.
Clara se quedó de piedra.
¿Qué hacía Melisa en una reunión internacional clasificada como de máxima confidencialidad?
Miró a Bianca instintivamente. Pero Bianca ni siquiera levantó la vista; simplemente abrió su computadora portátil y se preparó para redactar la minuta de la reunión.
Melisa notó la actitud de Bianca y, con una sonrisa de superioridad, se dirigió a los presentes:
—Como estoy afinando los últimos detalles para la conferencia tecnológica, le pedí permiso a Damián para entrar como oyente a esta reunión. Quiero absorber información valiosa y ganar experiencia. Por favor, actúen como si yo no estuviera aquí y continúen con su trabajo.
Nadie en la sala se atrevió a decir una palabra.
La actitud de Melisa era la de la dueña absoluta y señora del Grupo Figueroa.
Y peor aún...

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