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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 676

Bianca la llamó por teléfono, pero Melisa ignoró la llamada a propósito. Sin embargo, seguía respondiendo a los comentarios de sus seguidores en la plataforma, hablando sobre la bebé y dándole 'me gusta' a quienes decían que la niña se parecía a ella.

Bianca apretó el teléfono con fuerza y respiró hondo, mirando hacia el techo.

Al actualizar la página, vio que Melisa había fijado la publicación en lo alto de su perfil.

Bianca se estremeció al pensar en las consecuencias. Si la familia Figueroa —especialmente Damián— o la propia Melisa descubrían que Lucía era en realidad su hija... ¿a qué infierno someterían a la pequeña?

Si llegaba a convertirse legalmente en hija de Melisa, si la obligaban a llamarla mamá...

Terminaría convirtiéndose en un simple peldaño para ella, o peor aún, en su banco de órganos. Era un hecho innegable que Melisa padecía un defecto genético; tanto Bianca como Vicente lo habían comprobado con sus propios ojos.

Acudir a la familia Figueroa en busca de ayuda ahora solo levantaría sospechas y revelaría la verdad. No es que desconfiara de la señora Figueroa, pero la anciana ya no tenía la vitalidad de antes; muchas batallas escapaban de su control.

Y pedirle a Damián que obligara a Melisa a borrar la publicación era una causa perdida.

Él estaba justo a su lado. En la foto se asomaba el logo de su auto. Estaban juntos en la Academia Internacional de la Élite.

Pero... su pequeña Lucía, a quien había escondido con tanto celo, ahora estaba expuesta ante el mundo por culpa de la amante de su ex.

Y Damián, siendo el padre biológico, había permitido que esa tercera en discordia usara a su hija como un trofeo público...

Bianca cerró los ojos con fuerza mientras la voz de Clara resonaba en el teléfono:

—¡Bianca, el señor Ávila acaba de entrar al laboratorio y la señal está bloqueada! ¡No puedo comunicarme con él! ¿Dónde estás? ¡Paso por ti y vamos a buscar a esa infeliz! ¡Le arrancaremos ese teléfono de las manos y lo borraremos nosotras mismas! ¡Maldita sea, ¿no tiene vergüenza?! ¡¿Y qué demonios estaba haciendo la niñera de Lucía?! ¡El señor Figueroa es igual de desgraciado!

Clara estaba tan aterrada que su frustración se desbordó en gritos.

Realmente le había tomado un cariño inmenso a Lucía. ¿Con qué derecho esa intrusa la cargaba y publicaba a los cuatro vientos que la bebé la llamaba mamá?

¡Era enfermizo y repulsivo!

Bianca ya había logrado recomponerse mentalmente.

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