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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 672

Incluso ponía esa cara de soy un pobre viejo que no entiende nada, cuéntamelo todo.

Durante todo el interrogatorio, Damián estuvo sentado a un lado, sonriendo sin decir ni una palabra.

El sol de otoño se filtraba en la sala de estar de la Casona Figueroa. En aquella residencia tan majestuosa, parecía que el tiempo corría más despacio.

Incluso Damián parecía haber perdido un poco de esa frialdad autoritaria de quien siempre está en la cima, mostrándose mucho más relajado.

El único que rompió el ritmo fue Vicente. Al final, sacó su celular y se lo mostró al anciano con una sonrisa:

—Mire, Don Severiano, ¿qué le parecen estos candidatos que le busqué a Bianca para una cita a ciegas?

Las personas en las fotos eran colegas del laboratorio de su mentor o antiguos alumnos de este.

Realmente se habían tomado en serio el futuro de Bianca, pero estando en la casa de los Figueroa, aprovechó para sacar el tema.

El anciano no se esperaba que Vicente no solo no se fuera, sino que saliera con eso.

Su sonrisa desapareció al instante. De muy mala gana, pidió que le trajeran sus lentes de lectura y miró la pantalla con desdén:

—Este tipo no pesa ni cincuenta kilos mojado. ¡Creo que él necesita un marido más que Bianca! Muchacho, tienes muy mal gusto. Con razón la madre de tu pequeña Lucía te dejó plantado después de dar a luz y te convirtió en padre soltero.

Al final, señaló a Damián con la barbilla.

—¿Hay alguno que se le pueda comparar a este? Al menos búscate a uno que no se sienta acomplejado al pararse frente a él.

Damián estaba revisando unos informes financieros que le acababan de entregar, así que no les prestaba mucha atención.

Vicente curvó los labios en una sonrisa, se señaló a sí mismo y luego a Damián, provocando a Don Severiano a propósito:

—El atractivo físico de este hombre no supera al mío, pero me temo que mi inteligencia sí está muy por encima de la suya.

El anciano procesó esa frase tan rebuscada y terminó riéndose de puro coraje. Se puso de pie de inmediato:

—¡Deja de hacer reír a este viejo, por favor!

¿O sea que Vicente estaba insinuando que quería estar con Bianca?

¡Que ni lo soñara!

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