Al escuchar la explicación de Damián, Melisa se quedó sin palabras.
¿O sea que, desde el principio, todo había sido culpa suya?
¿Fueron sus propios seguidores quienes terminaron arruinándola por querer defenderla?
¿Bianca nunca metió las manos en esto?
¿Nadie le había tendido una trampa?
¿Cómo era eso posible?
Pero Melisa no se atrevió a cuestionarlo en voz alta.
Tal vez la investigación de Damián había pasado algo por alto.
—Pero... yo vi un montón de escenas íntimas que ni siquiera estaban en la serie original, y también hicieron memes muy subidos de tono... —insinuó, intentando sembrar la duda.
Sabía perfectamente que BN Innovación, la empresa donde estaba Bianca, tenía un departamento dedicado a ese tipo de proyectos.
Además, recordando la actitud relajada de Bianca, parecía que ya sabía todo lo que iba a pasar. No mostró ni una gota de sorpresa, ni siquiera una alteración emocional.
Si Bianca no estaba moviendo los hilos, no se lo creía.
De lo contrario, ¿de dónde había salido todo ese material explícito que no pertenecía a la serie original?
La voz de Damián la sacó de sus pensamientos:
—Fueron tus propios seguidores quienes editaron y compartieron ese material para promocionar la serie. Después, otros empezaron a pedir enlaces, y así se viralizó, compartiéndose en descargas y grupos privados.
Melisa se quedó helada.
¿Fueron sus propios fans?
¿Bianca de verdad no tuvo nada que ver?
Le costaba asimilarlo.

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