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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 645

Muchas personas se acercaban a halagar a Melisa Serrano, y ella lo notaba perfectamente, por lo que su expresión se mantenía serena y distante.

Solo cuando el asistente del Señor Méndez se acercó, este habló con una sonrisa respetuosa:

—La señorita Serrano es verdaderamente la favorita de Dios. Gracias a su increíble talento, logró concretar colaboraciones con Félix, con Ricardo Quintero, e incluso Hans Ritter de Alemania la buscó por su cuenta. Supongo que pronto la veremos participando en la gran conferencia tecnológica, ¿verdad?

Melisa sonrió con falsa humildad, sin dejarse llevar por la presunción.

—Me halaga demasiado. Todo esto es gracias a que el Señor Méndez confió en mí para esta colaboración.

—Nosotros somos los agradecidos por habernos elegido. Quizás no lo sepa, señorita Serrano, pero el señor Lorenzo Valdés también ha estado en contacto con nosotros. Le comentó a mi jefe que quería presentarnos a una mujer de negocios increíblemente talentosa y esforzada. Y al ver la excelente relación que usted tiene con el señor Valdés, de inmediato supimos que hablaba de usted.

Al escuchar el nombre de Lorenzo Valdés, Melisa no se imaginó que, después de todo lo que había pasado, él todavía la tuviera en tan alta estima. Sonrió levemente.

—Lorenzo es un gran compañero de Damián, y nos llevamos bastante bien. Qué detalle tan lindo de su parte, no tenía idea de que había hecho eso.

—Seguro quería darle una sorpresa, pero me adelanté y le arruiné el secreto. De todos modos, hacer negocios con la futura señora de la familia Figueroa siempre será una apuesta ganadora. El motivo de mi visita de hoy es cumplir las instrucciones del Señor Méndez: queremos forjar una alianza estrecha con los Figueroa. Hoy, aprovechando las festividades, nos gustaría saber si podría acompañarnos a la Casona Figueroa para presentar nuestros respetos a la familia —explicó el asistente.

Melisa frunció ligeramente el ceño.

—Don Severiano me tiene mucho cariño. Si yo los acompaño, estoy segura de que mi abuelo estará encantado de recibirlos. Pero, en cuanto a Doña Estela, no puedo asegurar que los reciba. Además, Damián está ocupado hoy con asuntos importantes y no se encuentra en la Casona.

—Este es un pequeño obsequio de agradecimiento. Mi jefe me aseguró que, siendo usted la futura señora de la casa —considerando que ya hasta se celebró el banquete de compromiso— y teniendo tanto talento, este asunto será un éxito rotundo. —El asistente le extendió una tarjeta a Melisa.

Era imposible saber cuánto dinero había en ella.

Melisa agitó la mano.

—No es necesario, de verdad.

Pero el asistente, que era un experto en las relaciones públicas, dejó la tarjeta en la mesa de todas formas.

Los demás invitados, al ver que alguien enviado por una figura tan importante como el Señor Méndez trataba a Melisa con tanta reverencia y desesperación por ganarse su favor, se quedaron boquiabiertos.

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