Bianca miró hacia la pantalla.
Escuchó a la estudiante responder con entusiasmo:
—¡El guionista nos dijo que es una historia autobiográfica! Básicamente, este drama es la crónica de cómo ella y el señor Figueroa se enamoraron. Dicen que si tiene éxito, harán una serie de televisión larga y contratarán a actores famosos. ¡Quieren que el mundo entero sea testigo de su amor y que quede registrado en la historia del cine!
—¡Qué locura! Entonces, la energía que tenía el señor Figueroa en esa escena... ¿es real? ¿De verdad lo hicieron tantas veces en una sola noche?
—¡Qué envidia me da Melisa! ¡Me muero!
—¡Esa es mi ídola! Solo un hombre tan poderoso, millonario y con esa capacidad en la cama como el señor Figueroa es digno de ella.
Bianca clavó la mirada en la película proyectada, donde ambos personajes se besaban apasionadamente frente a las puertas de la universidad HF.
Si era autobiográfico, significaba que todo aquello había ocurrido de verdad.
Incluso la línea de tiempo cuadraba. Todo eso pasó después de que ella quedara embarazada y se casara con Damián. Él decidió irse al extranjero y allá fue donde conoció a Melisa.
En esa época, ella, embarazada de gemelos, era obligada por Don Severiano a limpiar la Casona Figueroa, soportando el desprecio y la crueldad de toda la familia.
Mientras tanto, Damián vivía un romance apasionado en el extranjero con Melisa. Haciendo el amor salvajemente, llevándola a ver los campos de lavanda en la Provenza, viajando para admirar las auroras boreales en el Ártico. Tratándola como a una reina.
El rostro de Bianca se tornó gélido.
Miró a su alrededor buscando a Xavier, pero no estaba. Desbloqueó su celular, lista para salir y escribirle para saber dónde se había metido.
—¡Oye! ¿A ti también te gusta mi diosa Melisa Serrano? —La estudiante, al ver a Bianca parada en la puerta, pensó que era otra fan. Corrió hacia ella, sosteniendo un termo con té caliente entre las manos, emocionada—. ¡Pásame tu WhatsApp, te enviaré el material exclusivo!
Antes de que Bianca pudiera articular palabra, la chica le metió el termo en las manos, agarró el teléfono de Bianca con total confianza, escaneó su código y le envió rápidamente varios archivos de video comprimidos.
Bianca la miró, perpleja.
—¿Qué es esto?
—¡Ay, no te hagas! Jeje, es buenísimo. ¡Para que lo veas esta noche debajo de las sábanas! Acuérdate de reproducir los capítulos diez veces, ¡hay que apoyar a mi ídola!
En la pantalla principal, la escena íntima continuaba. La voz de Melisa, procesada por IA, sonaba perturbadoramente real.
—Damián, póntelo... no quiero embarazarme, todavía tengo mucho que lograr en mi carrera.

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