Bianca recorrió con la mirada a todos los presentes.
—Ya llamé a la policía.
Esa frase dejó a todo el mundo helado.
Incluso Lorenzo preguntó, incrédulo:
—¿Te atreviste a llamar a la policía?
Ximena sintió que era una broma de mal gusto. ¿Con qué derecho y bajo qué pretexto había llamado a la policía?
Con razón Melisa ni siquiera se molestaba en considerarla una rival, ¡era una completa payasa!
Melisa, por su parte, miraba a Bianca con una frialdad absoluta.
Bianca asintió, su voz sonaba inquietantemente tranquila:
—Así es, llamé a la policía. Señor Valdés, todas sus calumnias en mi contra han quedado registradas. En un momento podrá explicárselo a las autoridades. Y señorita Serrano, sobre las difamaciones de su madre hacia mí, ambas tendrán la oportunidad de explicárselo a los oficiales también. No coman ansias, la policía debe estar por llegar, seamos pacientes.
Al escuchar esto, los ojos de Clara se iluminaron.
La rabia de Vicente también se disipó a la mitad.
¡Había estado tan furioso que se le había olvidado por completo esa opción!
No esperaba que Bianca ya lo hubiera hecho.
Vicente echó un vistazo a su alrededor y notó la cantidad de reporteros. Era una cifra exageradamente alta.
Desde el principio algo no le había cuadrado, y ahora lo entendía todo: Ximena los había traído a propósito para armar este espectáculo.
La posición de Bianca era delicada, y todo este lodo y estos rumores ya habían cruzado la línea legal. ¡Llamar a la policía era el golpe más efectivo y contundente!
Con razón Bianca ni siquiera se había molestado en discutir con esos idiotas.
Xavier Soler también dejó escapar un suspiro de alivio.
—¿Grabaste todo lo que dijeron para difamarte? —le preguntó Vicente en voz baja.
Bianca negó con la cabeza.
—Con todos estos reporteros aquí, no me hace falta grabar nada.
Al oír eso, la matriarca ordenó de inmediato a su personal de seguridad que retuvieran a los reporteros que habían grabado el incidente para extraer todas las imágenes y audios.
Melisa escuchó todo esto y su rostro se volvió un témpano de hielo al mirar a Bianca.
¡Esta mujer era demasiado calculadora!

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