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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 498

—En todo este proceso, su amabilidad ha estado condicionada por el hecho de que soy quien le salvó la vida. Hoy puede tratarme bien porque soy su salvadora, pero el día de mañana, si... y digo si... si descubre que no lo soy y resulta ser Melisa otra vez, usted volverá a ponerse del lado de Melisa para pisotearme y arrojarme al polvo de nuevo.

El corazón de Xavier dio un vuelco, no esperaba que Bianca dijera eso.

—¡Yo no haría eso! —dijo él.

¡Jamás lo haría!

—Sé que me guardas mucho rencor y que me juzgas mal, pero no haría eso. Melisa y tú no se pueden comparar.

A pesar de que el talento de Melisa, en efecto, era superior al de Bianca.

Y añadió:

—Incluso doña Perla tuvo un malentendido contigo al principio. Ya lo aclararon, y estás dispuesta a convivir con ella como madre e hija. ¿Por qué no puedes hacer lo mismo conmigo?

Bianca levantó la mirada, sin inmutarse, y su voz no mostró la más mínima alteración:

—Señor Soler, si usted haría lo que le digo o no, en realidad no me importa. Porque en todo este proceso, lo que he visto es su verdadera esencia.

—En el fondo, usted es una persona incapaz de distinguir entre el bien y el mal. Hoy me dice todo esto porque siente que la verdad salió a la luz, y cree que con tratarme bien podemos borrar el pasado. Pero subestima el peso del daño que me hizo. Las buenas intenciones que llegan tarde no cancelan el sufrimiento del pasado. El motivo de fondo de su amabilidad no es como el de doña Perla. Ella me trata bien porque considera que merezco respeto, que merezco ser tratada con dignidad, no por la etiqueta de salvadora.

—Su intento de hacer las paces, desde mi perspectiva, es falso y superficial. Además, su amabilidad tiene condiciones. Su culpa es un problema suyo, no intente imponérmela. Tampoco necesito su amabilidad disfrazada de pago de deudas.

—Muchas gracias.

Por un momento, Xavier sintió una fuerte punzada en el corazón, una sensación que ni él mismo sabía explicar.

—Bianca...

—Señor Soler, dejemos la conversación hasta aquí.

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