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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 471

Vicente acompañó personalmente a Bianca hasta la salida. Clara iba con ellos; en el fondo, ambos querían ver cuál era la actitud que Damián tenía ahora hacia Bianca.

Pero se llevaron una gran decepción...

Como el asiento del copiloto era conocido como el «lugar exclusivo de la novia», la primera reacción de Bianca cuando estaba embarazada fue intentar sentarse allí, pero Damián la reprendió duramente y la mandó a la parte trasera. Desde entonces, ella siempre se dirigía al asiento de atrás por voluntad propia.

Y ahora, la historia se repetía.

Damián ni siquiera parpadeó ante la situación. Es más...

Una vez que Bianca se acomodó en la parte de atrás y se dispuso a sacar su computadora portátil para revisar el proyecto y adelantar algo de trabajo, recibió un mensaje de Clara.

«¿Qué le pasa al señor Figueroa? ¿Por qué no te dijo que te sentaras en el asiento de adelante? ¿Acaso ya da por hecho que ese lugar es exclusivo para Melisa?»

Bianca se quedó en silencio, sin saber qué responder.

Estaban a punto de divorciarse; un simple asiento de copiloto no le importaba en lo absoluto, se lo podía quedar quien quisiera.

Además, era evidente que Melisa Serrano acababa de estar en ese auto. Había un fuerte rastro de su perfume, especialmente intenso en la parte delantera, por no mencionar que el propio Damián también olía a ella...

Clara le envió otro mensaje: «Él sabía que estabas en la casa de Vicente. Cuando lo vio hace un momento, ¡lo saludó de lo más normal! ¡No mostró ni una pizca de posesividad o de celos! ¡Ni siquiera tuvo la reacción territorial que cualquier hombre normal tendría hacia la mujer que todavía es su esposa!»

Bianca dejó escapar un suave suspiro.

Entendía perfectamente por qué Clara estaba tan indignada en su nombre.

Desde la perspectiva de su amiga, ella tenía un hijo con Damián Figueroa, y por haber dado a luz a ese bebé, casi pierde la vida en el hospital.

Pero una cosa no tenía que ver con la otra. Esa había sido su propia elección, y Damián no tenía la culpa.

El detalle era que él no sabía nada de eso.

Ella había llevado en su vientre la sangre y la carne de ese hombre, pero él se mostraba tan frío y distante, como si fueran unos completos desconocidos. Era lógico que, como espectadora, Clara se sintiera herida y clamara justicia por Bianca.

El auto se detuvo en un semáforo en rojo.

Bianca levantó la vista y, a través del espejo retrovisor, se dio cuenta de que Damián la estaba observando.

Sus ojos estaban tranquilos, pero la profundidad de su mirada era imposible de descifrar.

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