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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 467

—¿Dónde estás? —preguntó Damián.

Bianca, asumiendo que llamaba para exigirle explicaciones en nombre de Melisa, respondió de inmediato:

—Si tienes algo que decir, dilo de una vez.

Hubo un breve silencio del otro lado de la línea antes de que Damián hablara con un tono pausado y tranquilo:

—Regresa a Villa Serena en este momento.

—No tengo tiempo —replicó Bianca. No preguntó para qué, ni le importaba saberlo.

Justo en ese instante, la pequeña Lucía rompió a llorar de repente.

El llanto era fuerte. Por instinto, Bianca cubrió el micrófono del teléfono, dispuesta a colgar.

Pero Damián ya lo había escuchado.

—¿Estás en casa de los Ávila o de los Salazar? —preguntó.

El corazón de Bianca dio un vuelco repentino.

—No es asunto tuyo —respondió, adoptando una postura de rechazo absoluto a seguir hablando.

Damián guardó silencio por un segundo. Al parecer, no tenía intenciones de tolerar la actitud de Bianca y tomó una decisión tajante:

—Entonces mandaré a alguien a que lleve las cosas a la Hacienda Ávila.

Bianca estuvo a punto de negarse, pero él ya había colgado.

Cuando intentó llamarlo de vuelta, el teléfono de Damián estaba apagado.

Vicente se acercó en ese momento. Sabiendo lo preocupada que estaba Bianca, intentó tranquilizarla:

—El médico dijo que es bueno que llore y sude un poco, si se aguanta todo el malestar será peor para ella. Ahorita ya sudó bastante y la temperatura le bajó a los treinta y siete grados y medio. Ya está mucho mejor, hasta tiene ánimos para balbucear y jugar.

Luego, miró el teléfono en la mano de Bianca y preguntó:

—¿Pasó algo?

—No es nada. Iré a ver a Lucía —dijo ella, ansiosa por ir junto a su hija.

Ya eran las dos de la madrugada. A causa de la fiebre persistente de la bebé, nadie en toda la Hacienda Ávila había podido pegar el ojo.

Todos en la familia adoraban a la pequeña Lucía, e incluso los empleados seguían despiertos, esperando órdenes.

Aprovechando el momento, Clara le contó a Vicente lo que acababa de ocurrir con la llamada. Vicente frunció el ceño y estaba a punto de maldecir cuando un sirviente subió apresurado:

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