—¿Cuántas veces tengo que repetir que me lleven a la sala de extracción?
En los momentos de vida o muerte, es cuando la gente demuestra su verdadera naturaleza.
Y Bianca no pudo evitar reconocer que Damián era implacable en sus decisiones.
Él sabía perfectamente que ella jamás aceptaría donar su sangre para salvar a Melisa, así que ni siquiera se molestó en desperdiciar saliva intentando convencerla.
Incluso estaba dispuesto a ignorar su propia herida y poner en riesgo su vida con tal de donarle sangre a esa mujer.
Era una clara muestra de lo enfermiza y absoluta que era su obsesión y necesidad de proteger a Melisa.
Las enfermeras parecieron captar la tensión del momento y dejaron de presionar a Bianca.
Bianca se dio la media vuelta y se alejó. La fiebre le nublaba la vista; no iba a gastar sus pocas energías discutiendo estupideces. Su prioridad era recibir atención médica...
Mientras tanto, en el interior de la habitación, Melisa escuchó la declaración de Damián. Se quedó sorprendida un segundo, pero luego esbozó una sonrisa triunfal.
Entendía a la perfección el nivel de posesividad que Damián sentía por ella.
Además, la sola idea de tener la sangre de una mujer tan insignificante como Bianca corriendo por sus venas le revolvía el estómago.
Damián seguramente había considerado eso también.
Cuando Xavier Soler regresó con la comida, empujó la puerta a punto de decir 'perdón por la tardanza'.
Pero al levantar la vista, se encontró con Melisa Serrano acostada en la cama.
Por un instante creyó que se había equivocado de cuarto.
Pero no, el número de la puerta era el correcto.
Al ver a Xavier, Melisa se mostró entre sorprendida y halagada.
—Xavier, eres demasiado detallista —dijo ella, fijando la mirada en las bolsas de comida de un restaurante de lujo que él llevaba—. La verdad es que no he desayunado nada.
Nunca imaginó que Xavier fuera tan atento como para enterarse de que estaba herida y correr a llevarle el desayuno.
—Puedes dejarlo ahí. Damián está en la habitación de al lado recibiendo curaciones —explicó Melisa señalando la mesa de noche, con una sonrisa dulce—. La verdad es que no es nada grave, pero Damián siempre exagera cuando se trata de mí. La bala solo me rozó el brazo, aunque sí perdí algo de sangre. Él fue quien se llevó la peor parte.
Xavier no le preguntó qué demonios hacía allí. Si Damián estaba involucrado, las piezas del rompecabezas encajaban solas.
—Que te mejores —fue lo único que dijo Xavier. Dejó la comida sobre la mesa y se dio la vuelta para salir.
Melisa no esperaba una actitud tan fría y cortante.

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