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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 382

Esa noche, Damián Figueroa no regresó.

Bianca se encerró en el nuevo estudio y pasó toda la madrugada trabajando en su tesis.

Por la mañana, Inés subió a llevarle el desayuno y se cruzó con el abuelo. Al enterarse de lo que hacía la joven, el anciano frunció el ceño con disgusto.

—¿A qué juega esta muchacha? ¿De verdad cree que por desvelarse un par de noches va a superar a Melisa Serrano? Esa mujer tiene un talento brillante, es una doctora graduada con honores. Bianca apenas tiene una licenciatura. Es como si una simple mala hierba quisiera convertirse en un roble imponente. ¡Es ridículo!

Inés bajó la cabeza sin decir una palabra.

Al escuchar los reclamos, doña Perla se acercó rápidamente y ayudó al anciano a sentarse.

—Bianca solo quiere superarse para agradarle más a Damián. Es porque lo ama demasiado. Está cegada de amor, pero sus intenciones son puras.

Doña Perla recordaba cómo Bianca había aprendido a hacer café y a cocinar postres solo para que Damián le prestara un poco más de atención.

Luego se había metido a trabajar en BN Innovación.

Y ahora se mataba trabajando en sus propios proyectos.

Todo, absolutamente todo, era una táctica desesperada para acaparar la mirada de su esposo...

—Mente de enamorada —gruñó el abuelo, fastidiado—. Ya sea por amor o no, primero hay que tener capacidad. Si no sabes ni dónde estás parada y te pones a hacer cosas a lo loco, solo estás perdiendo el tiempo.

Doña Perla prefirió no discutir con el patriarca de la familia y le hizo una seña a Inés para que subiera el desayuno.

Durante todo ese fin de semana, Bianca no bajó ni una sola vez. Se la pasó encerrada en el estudio.

Debido a la confidencialidad de su tesis, ni siquiera dejó que Inés cruzara la puerta.

Al final, el abuelo no lo soportó más. Aprovechando que la abuela y doña Perla habían salido, fue a buscarla.

Cuando Bianca abrió la puerta, el anciano la miró con rostro severo.

—¿Qué tanto escribes con tanta desesperación? Tráelo, quiero verlo.

El abuelo tenía conocimientos en el área tecnológica.

Sin embargo, al ver que Bianca no se movía, dio por sentado que ella solo estaba fingiendo. Que era pura fachada, un cascarón vacío a punto de romperse.

Sintiéndose superior por haberla descubierto, habló con un tono lleno de veneno sutil:

—En lugar de gastar tiempo y energía en esto, deberías aprender un par de recetas nuevas, averiguar dónde está Damián y llevárselas. Preocúpate por él. Eres una simple estudiante de licenciatura; no importa cuánto te esfuerces, jamás vas a superar a alguien con un doctorado. Tienen puntos de partida y visiones del mundo completamente diferentes.

Bianca apretó los labios. Sabía perfectamente que el anciano le estaba restregando en la cara que ella no era nadie comparada con Melisa Serrano.

—No soy su sirvienta —respondió con firmeza—, ni quiero serlo. Tengo mi propia vida. No me esfuerzo por nadie más, lo hago por mí misma.

El abuelo frunció el ceño, convencido de que Bianca solo estaba intentando salvar su dignidad tras haber sido expuesta.

Decidió ser brutalmente directo.

—Esa chica, desde que era una adolescente en la escuela, ya lograba cosas increíbles. Ahora está ganando experiencia al lado de Damián. Con él como su mentor, su progreso es imparable. Hasta la familia Soler y la familia Paredes le han confiado proyectos importantísimos. Y tú... mejor ahorra tus energías. Y deja de jugar a las inversiones. Tú no naciste para esto. ¡No porque ella haga algo significa que tú también puedes hacerlo! Compórtate. La gente no es igual.

—No me mires así. A veces la verdad duele, pero te lo digo por tu propio bien.

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