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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 378

Bianca se quedó en la oficina hasta el amanecer. Había logrado dormir apenas una hora cuando sonó la alarma de su celular.

La había programado especialmente para encontrarse con Sergio Salazar a esa hora exacta. Era el momento en que el profesor solía despertarse, terminar de desayunar y sentarse a leer.

Llamó a Vicente, que se había quedado trabajando toda la noche con ella, para que la acompañara.

Al saber que la pequeña Lucía estaba en la casa del profesor, el cansancio desapareció del cuerpo de Bianca como por arte de magia.

Cuando Sergio abrió la puerta, se encontró con dos contrastes: ella estaba llena de energía, mientras que Vicente suspiraba por el agotamiento.

—¿Qué hicieron anoche? —preguntó Sergio mirando a Vicente—. ¿Quién de los dos escribió el artículo académico?

Vicente entró, bebió un vaso de agua y suspiró con admiración.

—Profesor, ni me lo recuerde. Bianca vale por diez. Logró avanzar el proyecto del gobierno, destrabó la colaboración con la familia Soler y, basándose en los datos de esos proyectos, redactó la introducción del nuevo artículo. Yo me pasé toda la maldita noche organizando la información para que ella pudiera trabajar. Estoy muerto.

Sergio lo miró con desdén.

—Por perezoso. Por eso tu único destino es ser el asistente de alguien brillante.

En su época, Vicente también había sido un genio aclamado en el mundo científico, pero no se ofendió en lo absoluto por las palabras de su mentor.

Perder ante Bianca era algo que aceptaba con total gusto.

Cualquiera que viera su trabajo reconocería su autoridad.

—Profesor, aquí está el avance —dijo Bianca, entregándole el documento. Solo había preparado un borrador inicial.

Sin embargo, incluso ese borrador estaba mucho más completo que el trabajo final de cualquier persona, especialmente porque contaba con la base de datos de los proyectos que Damián le había entregado.

Sergio lo hojeó rápidamente y luego la miró a los ojos.

—Lucía está arriba. Sube a verla.

Bianca no se hizo de rogar y se levantó de inmediato.

—Gracias, profesor.

Subió corriendo sin mirar atrás. Al entrar a la habitación, vio a la niñera encargada de cuidar a Lucía haciendo un trabajo excelente. Ya le estaba enseñando a balbucear palabras.

Incluso había impreso varias fotos de Bianca y las había colocado al alcance de la bebé, repitiéndole constantemente la palabra "mamá".

El corazón de Bianca se encogió de ternura. Se acercó y tomó a la niña en brazos.

—¡Lucía, mi amor! ¡Mamá está aquí!

Lucía se quedó mirándola fijamente por un segundo. Luego estiró la manita para agarrar una de las fotos, volvió a mirar a Bianca y, de repente, empezó a reírse y balbucear con alegría.

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