Bianca se quedó pasmada un segundo. Cuando se giró para responder, Damián ya se había marchado.
Se levantó de la cama, tomó su teléfono y llamó al licenciado Solís. Le pidió que retomara oficialmente el caso y se pusiera en contacto con el equipo legal de Damián.
Al otro lado de la línea, el licenciado Solís le aseguró con firmeza:
—Esta vez no podemos permitir que nada salga mal. Lo que pasó la última vez por culpa de esa tal Melisa Serrano fue casi una mancha en mi historial profesional. Si no fuera por ella, ya estarían divorciados y el caso estaría cerrado. Qué pesadilla.
Bianca trató de tranquilizarlo.
—No fue tu culpa, licenciado. Sé que hiciste todo lo que estaba en tus manos. De todas formas, te agradezco mucho por tu paciencia.
El abogado suspiró aliviado y preguntó:
—Por cierto, el Señor Figueroa ya le habrá advertido a Melisa, ¿verdad? No vaya a ser que armen otro escándalo cuando se enteren de la cantidad que recibirás como compensación por el divorcio.
Bianca no tenía forma de saberlo, pero asumiendo que ya había un precedente, supuso que Damián sería mucho más cuidadoso esta vez.
Intercambiaron un par de formalidades más y Bianca colgó la llamada.
Al bajar a la sala, descubrió que Damián ya se había ido a la oficina. Bianca iba a pedir un taxi para ir a trabajar cuando Marta, la empleada de la casa, se acercó a decirle:
—Señora, la otra noche que tuvo que salir de urgencia, el señor me ordenó que contratara a un par de choferes para usted. Elija el que más le guste para que la lleve al trabajo, que ya se le hace tarde.
Bianca no lo dudó. Eligió el auto más discreto y común del garaje y emprendió el camino hacia la empresa.
Pero los autos del garaje personal de Damián, por más "baratos" que parecieran, no bajaban de un millón de dólares.
No había forma de ser "discreta". Para evitar llamar la atención o dar una mala imagen a los empleados, le pidió al chofer que se detuviera a un par de cuadras del edificio para caminar el resto del trayecto.
Al final, el conductor la dejó muy cerca de la entrada de la Torre Figueroa. El descenso de una mujer desde semejante vehículo de lujo no pasó desapercibido y provocó las miradas curiosas de los transeúntes.
A la distancia, Melisa reconoció la placa del auto al instante y arqueó una ceja.

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