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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 326

Pero en cuanto salió al pasillo, Bianca se topó de frente con Melisa.

Al verla, Melisa preguntó con indiferencia:

—¿Ya empacaron? Por lo pronto, múdense a la sala de juntas siete, casi nadie la ocupa. Si necesitan algo más, nomás avísenme. Yo me encargo de autorizarlo.

A su lado estaba Andrés, un gerente que había llegado desde otra compañía y que no sabía bien de qué iba el chisme, así que asintió emocionado:

—Bianca, como ustedes son equipo externo de BN Innovación, capaz no están enteradas, pero la señorita Serrano es la futura dueña del Grupo Figueroa. ¿Vieron el último boletín? La señora Figueroa dejó todo establecido en su testamento y en las reglas de la familia especialmente para la señorita Serrano y los futuros hijos que tenga con el Señor Figueroa. ¡Toda la familia la adora!

Bianca se quedó pasmada.

Nunca imaginó que el testamento y las estrictas reglas de la familia que Perla Figueroa había publicado para protegerla a ella y cerrarle el paso a Melisa, ahora estuvieran siendo usados como la gran prueba del "apoyo" hacia la amante.

Miró fijamente a Melisa.

Melisa mantuvo un rostro sereno; ni lo negó ni lo confirmó.

En el fondo, estaba convencida de que la anciana solo había sido manipulada por Bianca. De otra forma, jamás habría redactado algo así. Por eso, Melisa no le daba mayor importancia.

Pero Bianca, frente a Andrés, no tuvo ningún reparo en soltarle:

—¿De verdad no tienes tantita vergüenza?

El rostro de Melisa se congeló de golpe.

No esperaba que Bianca fuera tan arrabalera, perdiendo la clase por completo y armando una escena ahí mismo.

—Bianca, por favor, recuerda en qué lugar estás parada —le advirtió Melisa con voz helada.

—Y otra cosa, no vayas a andar de rogona llorándole a Damián por estas tonterías. ¡Él tiene muchísimo trabajo que atender!

Bianca entendió perfectamente la indirecta: Melisa le estaba diciendo que si abría la boca, Damián saldría a defenderla a ella.

—Eres una cínica descarada —escupió Bianca, dándole un empujón con el hombro para abrirse paso.

Melisa tropezó hacia atrás y casi termina en el suelo.

—Pero qué... —se volteó furiosa, fulminando la espalda de Bianca con la mirada.

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