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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 223

Bianca comenzó a discutir con ellos sobre el desarrollo tecnológico y los nuevos proyectos gubernamentales.

Ante las preguntas complejas y los dilemas rebuscados que ambos hombres le planteaban, ella respondía con una soltura y brillantez impecables.

Al verla, Renato Paredes asentía una y otra vez, ¡con unas ganas tremendas de llegar a casa y estrangular a Romeo por su estupidez!

Al momento de despedirse, Rogelio Soler sacó su teléfono:

—Bianquita, pásame tu contacto. ¡Así podremos comunicarnos directamente para futuras colaboraciones!

Renato no quiso quedarse atrás, sacó su propio teléfono de inmediato y empujó a Sergio Salazar a un lado para hacer espacio.

Sergio miró a su viejo compañero con algo de desdén, pero considerando que era útil para su alumna, decidió no decir nada.

Rogelio chasqueó la lengua con admiración:

—Tener el contacto directo de Aro es algo que ni las figuras más influyentes del país han logrado conseguir. Si alguna vez necesitas algo, no dudes en pedírmelo, considérame como un tío.

En el fondo, Rogelio pensaba que Bianca era una mujer extraordinaria y recordó que su hijo Xavier seguía soltero.

Si la familia Figueroa era incapaz de reconocer a una joya tan valiosa, la familia Soler definitivamente no dejaría que semejante diamante se perdiera en la oscuridad.

Llevar a Bianca a su familia maximizaría los beneficios para todos.

Con el tiempo, la familia Soler sin duda superaría en poder tanto a los Figueroa como a los Paredes.

Esos pensamientos cruzaron velozmente por su mente, pero Rogelio no dijo nada en voz alta; simplemente miró a Bianca con una sonrisa paternal.

Renato probablemente albergaba pensamientos similares. Miraba a Bianca con lástima por las circunstancias, y estaba decidido a regresar a casa y castigar severamente al descerebrado de Romeo.

Como Bianca y Vicente eran los anfitriones, no iban a permitir que su maestro los despidiera a la puerta.

Bianca y Vicente, uno a cada lado, acompañaron a los dos invitados hasta la salida.

Miraron el reloj; habían conversado durante tres horas y, además, habían cerrado un contrato millonario.

Vicente miró a Bianca con una sonrisa de orgullo:

—El talento de un genio nunca será enterrado por el tiempo; el tiempo solo se encarga de pulirlo para que brille aún más. Bianca, como tu compañero, estoy muy orgulloso de ti. Con el respaldo de estos dos titanes en tu carrera, tu ascenso será imparable. Todos estos años al lado de Damián Figueroa no desperdiciaste tu talento, seguiste aprendiendo en silencio. Todo lo que tienes ahora te lo has ganado a pulso.

A Bianca no le importaban la fama ni la fortuna; su único deseo era hacer las cosas con excelencia.

Sin embargo, escuchar esos elogios de boca de Vicente la llenó de genuina alegría.

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