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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 201

Pero antes de que Perla pudiera alzar la voz frente a Bianca y reprender a Melisa, imitando la autoridad con la que la antigua matriarca la había defendido a ella en el pasado, la voz del otro lado la interrumpió.

—Señora Perla, ayer me comí toda la comida que me mandó a preparar —dijo Melisa con dulzura—. Estaba deliciosa, se nota todo el cariño que le puso. ¡Muchas gracias! Usted me cuida como si fuera mi propia madre. Le juro que cuando me case con Damián, seré la mejor nuera del mundo... ¡mamá!

Al escuchar ese descarado «mamá» al final de la frase, Perla colgó el teléfono de golpe, aterrorizada de lo que Melisa pudiera seguir diciendo.

Ni siquiera se atrevía a mirar a Bianca a la cara.

Después de todo, en el pasado, había sido ella misma quien le había exigido a Melisa que la llamara mamá...

Bianca finalmente logró zafarse del agarre de Perla, dio media vuelta y caminó con paso firme hacia la puerta.

—¡Bianca... Bianca! —gritó Perla, corriendo tras ella, pero justo en ese instante, su celular volvió a sonar.

Al mirar la pantalla, vio que era Damián Figueroa.

Sin tiempo para alcanzar a Bianca, contestó la llamada.

Antes de que pudiera pronunciar una palabra, la voz gélida de Damián se adelantó.

—Ya me encargué de aplastar la noticia. El asunto está resuelto.

Perla revisó rápidamente los titulares en su tableta. Era cierto, no quedaba ni el más mínimo rastro de las discusiones en línea.

—¿Y por qué no vienes a casa? —reclamó Perla—. Tu abuela está muy preocupada. Bianca está destrozada, deberías venir a consolarla.

Hubo una breve pausa en la línea. El instinto femenino de Perla le gritó que, en ese preciso momento, Melisa se estaba insinuando a su lado...

—Damián, escúchame. Sé que Melisa es más llamativa, que tiene una figura envidiable y un origen impecable. Entiendo que, comparada con Bianca, te parezca mucho más brillante y capaz. Es normal que te sientas atraído por ella. Yo misma detestaba a Bianca al principio, pero ahora... me doy cuenta de que ella de verdad te ama. Se nota en la forma en la que te mira, sus ojos están llenos de amor puro.

El silencio de Damián se prolongó durante varios segundos.

—¿Y de qué sirve el amor? —respondió por fin.

Y con esa frase lapidaria, cortó la llamada.

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