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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4550

La prisa de Nano por conseguirle pareja a Eric era evidente: no quería que este se convirtiera en un rival por la atención de Tesoro.

Orion había dicho una vez que la mejor manera de lidiar con un rival amoroso era ayudarlo a conseguir novia.

Toda esa «sabiduría» de Orion había sido heredada a la perfección por Nano.

Samira le volvió a preguntar a Tesoro:

—Tesoro, ¿tú crees que a Eric le va a gustar ella?

Tesoro negó con la cabeza.

—No lo sé, pero la verdad es que es muy linda. Pienso igual que Nano, deberían hacer que se conozcan. El tío Benjamín y la tía Isabela ya llevan tiempo queriendo que Eric forme una familia.

Nano se emocionó aún más.

—¡Si Tesoro está de acuerdo, tú y la tía Carol tienen que arreglarles una cita lo antes posible!

Al ver la euforia del niño, parecía que quería que se casaran ahí mismo.

Carol intervino:

—Cuando llegue la señora Enríquez se lo comentaré. Supongo que ni ella ni el señor Enríquez tendrán inconveniente; la decisión final la tendrá Eric.

—Él es la adoración de la señora y el señor Enríquez. Por más que quieran verlo casado, jamás lo obligarían a estar con alguien por compromiso. Si a él no le gusta, esto no llegará a nada.

Samira asintió. —Primero preguntemos; así sabré qué contestarles a Santiago y a Linda.

Carol asintió. —De acuerdo.

...

Por otro lado, en Marlando.

Apenas Aspen Bello bajó del avión, recibió una llamada de uno de sus escoltas.

—¡Señor Aspen, se llevaron al señor Ruiz!

Aspen no sonaba sorprendido. —¿Resultó herido?

El escolta respondió:

—Sí, nuestra gente se vio obligada a apuñalarlo. Poco después, alguien apareció para rescatarlo. El sujeto era muy hábil y, siguiendo sus órdenes, no pusimos demasiada resistencia para que se lo llevara.

Aspen preguntó: —¿Pudieron ver quién fue el que lo salvó?

El escolta negó con la cabeza desde el otro lado de la línea.

—Llevaba un pasamontañas y una gorra, así que no le vimos el rostro. Pero estamos seguros de que era un hombre joven.

Aspen continuó indagando: —¿Estaba solo?

El escolta asintió:

—Sí. Se fueron en una motocicleta.

Aspen hizo un sonido de confirmación. —Entendido.

Tras colgar, le envió un mensaje de texto a Helio: «Ya llegué».

Helio no respondió. Aspen revisó la ubicación en tiempo real de su teléfono, entornó los ojos y se subió al auto que ya lo estaba esperando.

Le indicó al chofer: —Siga las indicaciones de este GPS.

El conductor asintió. —Enseguida, señor.

En un vecindario común de Marlando, Helio estaba sentado en el sofá de la sala, presionándose la herida mientras el dolor le provocaba un sudor frío.

Alguien tocó la puerta apresuradamente. Entró un anciano acompañado de un médico.

En cuanto el anciano vio a Helio, se le enrojecieron los ojos.

—¡Rápido, atiéndale la herida!

El joven responsable de haber llevado a Helio hasta allí se dirigió al anciano.

—Lo dejo en sus manos. Voy a montar guardia afuera.

El anciano asintió con la cabeza. —Ten mucho cuidado.

El joven asintió, dio media vuelta y salió.

El médico ya se encontraba junto a Helio, pero este ni siquiera le prestaba atención; tenía la mirada clavada en el anciano.

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