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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4532

En la pista había una multitud: funcionarios del gobierno, voluntarios, periodistas y ciudadanos comunes que se habían reunido para despedir al héroe caído.

Frente a todos, Gael recibió la urna cubierta con la bandera nacional, y, sin quitarse la mascarilla, se tomó algunas fotografías protocolarias antes de regresar al avión, sosteniendo la urna firmemente contra su pecho.

Una vez finalizado el protocolo, el avión despegó.

Entre la multitud que miraba el cielo, un hombre con mascarilla tomó su celular e hizo una llamada.

—Ya se fue.

La voz al otro lado preguntó con cautela:

—¿De verdad se fue?

—Sí —confirmó el hombre—. Estuve aquí todo el tiempo, lo vi con mis propios ojos subir al avión con la urna y despegar.

—¿Estaba solo? ¿Viste a Ledo?

—No lo vi por ningún lado.

—...¿Y qué hay del hospital? ¿Averiguaron algo?

El informante soltó un suspiro de frustración.

—Lo intentamos, pero es imposible sacar nada de información. Descubrieron a los que mandamos, y los altos mandos se enfurecieron. Los militares y el gobierno de Marlando le dieron máxima prioridad y pusieron el hospital bajo ley marcial. Si queremos enterarnos de algo, tendríamos que entrar a la fuerza, ¡y eso significa enfrentarnos a disparos limpios!

La voz al otro lado del teléfono gruñó.

—¿Eliminaron a toda nuestra gente?

—Aún quedan algunos, pero es imposible que se acerquen a Ledo o al viejo. Con la tensión que hay, si alguien intenta hacer algo, será investigado de inmediato.

El jefe al otro lado exhaló un suspiro profundo, su tono lleno de pesadumbre.

—Entonces, será imposible rastrearlos desde ahí.

El informante intentó buscar alternativas.

—Si seguimos vigilando el hospital de Marlando sin descansar, algo tendremos que encontrar, ¿no?

—Subestimas demasiado ese lugar. Te recuerdo que es el hospital de la zona militar de Marlando. Está en máxima alerta, no podría entrar ni una mosca.

—Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó el informante, desesperado.

—Solo nos queda depositar nuestras esperanzas en Mono Rojo.

El informante arrugó la frente.

—¿Cree que él podrá descubrir algo?

—Recuerda que fue él quien nos avisó que Ledo estaba en ese hospital en primer lugar. Ese tipo no es nada sencillo, no lo menosprecies.

—...Si nada funciona, podríamos interceptar ese avión. Sin importar dónde estén Ledo o ese otro tipo, Gael va en ese vuelo. Si destruimos el avión, ¡él no saldrá con vida!

Al otro lado de la línea se hizo un silencio denso.

—Ese avión transporta a un mártir nacional. ¿Te imaginas lo que pasaría si lo derribas? ¡Las fuerzas de todo el país irían por nosotros! Y no de manera amable, mandarían artillería pesada. ¡Eso es buscar la muerte segura!

—Además, enfrentarnos a un país entero solo por Gael es completamente ridículo. Él es solo uno de los muchos enemigos que tenemos. ¡Nuestro verdadero objetivo es Aspen Bello!

—Si matamos a Gael así, ¡olvídate de que alguna vez podremos negociar con Aspen Bello!

—Y, francamente, con la capacidad militar que tiene ese país hoy en día, ¿de verdad crees que serías capaz de derribar uno de sus aviones sobre su propio territorio?

El informante tragó saliva.

—...Entonces, ¿qué sigue?

—Vuelve a la base. Mantén a tus hombres vigilando el hospital, pero no actúen por impulso —ordenó el jefe.

—¡Entendido!

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