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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4523

Aspen Bello hizo una pausa antes de hablar:

—Te noto extraño, ¿tienes algo en mente?

La espalda de Mono Rojo se tensó y su corazón dio un vuelco.

—No, para nada.

Aspen entrecerró los ojos; su expresión era inescrutable.

—Somos de los mismos. Si pasa algo, dilo. No hay necesidad de ocultar cosas.

Mono Rojo tragó saliva de forma inconsciente. Antes de que pudiera responder, el teléfono de Aspen volvió a sonar.

Dejó su plato de sopa a un lado y se levantó para salir a contestar.

Mono Rojo observó su espalda, sintiendo un sudor frío recorrerle el cuerpo.

Había sobrevivido en El Triángulo de la Frontera durante muchos años y había visto a todo tipo de personas aterradoras, pero alguien como Aspen Bello era una primera vez para él.

El hombre emanaba una crueldad indescriptible.

Al ver que Aspen no había comido, Leandro bajó la cuchara instintivamente, sin atreverse a tocar su sopa.

Ya fuera que Aspen no hubiera comido por pura coincidencia al recibir la llamada, o porque realmente había algo malo en la comida, lo más seguro era no probarla.

Hombre precavido vale por dos.

Leandro también fijó su mirada en Mono Rojo.

—¿Qué sucede?

Mono Rojo volvió en sí.

—Nada, come tu sopa.

Leandro entrecerró los ojos y dijo:

—Si tienes un problema, simplemente dilo. El Señor Bello ya dijo que somos de confianza.

Mono Rojo dudó un momento antes de preguntar:

—¿No crees que el Señor Bello es bastante aterrador?

—¿Aterrador? —preguntó Leandro.

—Es que... hay un aura espeluznante a su alrededor que no se puede describir, da mucho miedo —explicó Mono Rojo.

Leandro respondió:

—La presencia del Señor Bello es sin duda diferente a la del resto. Pero ya he averiguado sobre él: es el típico hombre que es implacable con los de afuera, pero amable con los suyos. Mientras no te pongas en su contra, no hay peligro.

—No somos sus enemigos, así que definitivamente no nos hará daño. Lo hemos apoyado todo este tiempo y ahora somos prácticamente sus socios. Seguro que no nos guarda ninguna hostilidad, así que no hay razón para temerle.

Mono Rojo asintió.

—Supongo que tienes razón.

—En este lugar es mejor ser un poco despiadado —añadió Leandro—. Solo si te tienen miedo evitarás que te pasen por encima.

Mono Rojo volvió a asentir.

—Sí... Por cierto, ¿estás enterado de lo de Yoel Castro?

Leandro frunció el ceño.

—Sí, escuché algo. Pero he estado muy ocupado y no he seguido los detalles. ¿En qué quedó todo?

—La organización de Yoel está completamente arruinada —dijo Mono Rojo—. Se pasó transmitiendo en vivo por más de cinco horas seguidas y terminó desmayándose frente a la cámara. Ahora ya fue arrestado por la policía. Aunque de momento su vida no corre peligro, su situación es peor que la muerte. Estaría mejor muerto.

Leandro dejó escapar un suspiro.

—¿Sabes cómo empezó todo el conflicto?

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