Al ver a Ledo, el doctor esbozó una sonrisa cansada.
—Joven Bello, discúlpeme. Tuve una emergencia y tuve que salir de urgencia sin avisarle. Pensé que bastaría con pedirle a un asistente que le informara. No imaginé que usted tendría un nivel de alerta tan alto.
»El Dr. Reyes acaba de regresar del extranjero y recién se incorpora al hospital. No tiene que preocuparse por su integridad ni por su habilidad médica. Si tuviera intenciones ocultas, jamás habría podido entrar a nuestras instalaciones.
»Mientras yo no esté, él se encargará de cuidar al paciente. Quédese tranquilo, es de los nuestros.
Ledo lo observó detenidamente.
—... ¿Qué le pasó en la cara?
El Dr. Suárez tenía el rostro lleno de golpes, como si hubiera estado en una pelea callejera.
El médico sonrió con evidente incomodidad.
—Tuve un altercado.
—¿Qué clase de altercado? —indagó Ledo.
—Un asunto puramente personal.
—Quiero saberlo.
El Dr. Suárez dudó un momento.
—... Salí con una estudiante a hacer unos trámites. Su novio pensó que yo era su amante y me agarró a golpes. Es un asunto humillante y tuve muy mala suerte. Me daba tanta vergüenza que mis conocidos se enteraran, que por eso no estaba contestando las llamadas de nadie.
Ledo asintió con lentitud.
—Vaya, eso sí que es mala suerte.
El doctor volvió a sonreír con la misma torpeza.
—Probablemente no regrese en un par de días. Si necesita algo, búsquelo al Dr. Reyes. Es un hombre con vocación de servicio, seguro que estará encantado de ayudarlo.
—De acuerdo, entendido —respondió Ledo—. Ocúpese de sus asuntos.
—Muy bien. Nos vemos —dijo el Dr. Suárez y, con el ceño levemente fruncido, le dirigió a Ledo una mirada profunda y llena de significado antes de cortar la llamada.
Ledo le devolvió el teléfono a la enfermera y miró al médico a su lado.
—Le ofrezco una disculpa, Dr. Reyes. Fui demasiado paranoico.
Al escuchar eso, el hombre se apresuró a responder:
—No pasa nada, es bueno ser precavido. Como era de esperarse del hijo del Señor Bello, a tu corta edad tienes un instinto muy superior al de otros chicos.
Ledo adoptó una actitud educada y cortés.
—Gracias por el cumplido.
—Vamos entonces, no perdamos tiempo. Tenemos que revisar al paciente.
El doctor hizo ademán de caminar hacia la habitación, pero Ledo lo detuvo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...