Tesoro asintió:
—Le prometí a Nano que iría a verlo practicar artes marciales en la noche, no puedo faltar a mi palabra.
Nilo: —... Oh.
Una vez que se pusieron de acuerdo, Tesoro propuso aplicarle acupuntura a Nilo, a lo que él accedió sin protestar.
Media hora después, retiró las agujas.
Justo al terminar, la voz de Nano resonó en la puerta de la habitación: —¡Tesoro!
Olivia venía detrás de él y le advirtió:
—Shhh, baja la voz, esto es un hospital, hay que mantener silencio.
Nano soltó un «oh» y, asomándose a la habitación, se disculpó: —Perdón.
Dicho esto, corrió emocionado hacia Tesoro: —¡Tesoro! Hola, Laín.
Laín le acarició suavemente la cabeza y saludó a Olivia:
—Hola, abuela Olivia.
Olivia comentó con una sonrisa:
—Este niño apenas sale de clases y quiere buscar a Tesoro. Si no lo traigo al hospital, hace berrinche.
Luego miró a Nilo y al viejo doctor: —Disculpen, espero no haberlos interrumpido.
El viejo doctor se apresuró a contestar: —No hay problema.
Nano miró a Tesoro y preguntó en voz baja:
—Tesoro, ¿cuánto te falta? Me prometiste que si me portaba bien en mis clases, me verías practicar en la noche.
Tesoro respondió: —Lo recuerdo perfectamente. Ya terminé aquí, vámonos.
Nano se alegró mucho: —¡Sí, sí!
Tomó la mano de Tesoro y empezaron a caminar hacia la salida.
Tesoro se despidió de Nilo: —Me voy, nos vemos mañana.
Nilo asintió: —Sí, hasta luego.
Tesoro y Nano se fueron juntos. Olivia también salió de la habitación detrás de ellos.
Laín salió, pero volvió a entrar.
El viejo doctor, que apenas se había sentado, se levantó rápidamente al verlo regresar:
—¿Pasó algo, joven Laín? ¿Olvidó algo?
Laín entrecerró un poco los ojos y, con un tono cordial, respondió: —No, quiero hablar a solas con Nilo.
El viejo doctor se quedó atónito: —¿Eh?
Nilo le dijo: —Por favor, salga un momento. Platicaré un rato con Laín.
El viejo doctor: —... —Dudó unos segundos, pero asintió y salió.
Al cerrarse la puerta, solo quedaron Laín y Nilo en la habitación.
Esta era la primera vez que los dos estaban a solas para una charla privada.
Nilo, recargado en la cabecera, miró a Laín y preguntó:
—¿Se te ofrece algo?
Laín fue directo: —Quiero escuchar tu historia. Si no te es cómodo contarla toda, no importa, con que me digas lo que respecta a Tesoro, me basta.
Nilo: —...

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...