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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4474

Tesoro asintió:

—Le prometí a Nano que iría a verlo practicar artes marciales en la noche, no puedo faltar a mi palabra.

Nilo: —... Oh.

Una vez que se pusieron de acuerdo, Tesoro propuso aplicarle acupuntura a Nilo, a lo que él accedió sin protestar.

Media hora después, retiró las agujas.

Justo al terminar, la voz de Nano resonó en la puerta de la habitación: —¡Tesoro!

Olivia venía detrás de él y le advirtió:

—Shhh, baja la voz, esto es un hospital, hay que mantener silencio.

Nano soltó un «oh» y, asomándose a la habitación, se disculpó: —Perdón.

Dicho esto, corrió emocionado hacia Tesoro: —¡Tesoro! Hola, Laín.

Laín le acarició suavemente la cabeza y saludó a Olivia:

—Hola, abuela Olivia.

Olivia comentó con una sonrisa:

—Este niño apenas sale de clases y quiere buscar a Tesoro. Si no lo traigo al hospital, hace berrinche.

Luego miró a Nilo y al viejo doctor: —Disculpen, espero no haberlos interrumpido.

El viejo doctor se apresuró a contestar: —No hay problema.

Nano miró a Tesoro y preguntó en voz baja:

—Tesoro, ¿cuánto te falta? Me prometiste que si me portaba bien en mis clases, me verías practicar en la noche.

Tesoro respondió: —Lo recuerdo perfectamente. Ya terminé aquí, vámonos.

Nano se alegró mucho: —¡Sí, sí!

Tomó la mano de Tesoro y empezaron a caminar hacia la salida.

Tesoro se despidió de Nilo: —Me voy, nos vemos mañana.

Nilo asintió: —Sí, hasta luego.

Tesoro y Nano se fueron juntos. Olivia también salió de la habitación detrás de ellos.

Laín salió, pero volvió a entrar.

El viejo doctor, que apenas se había sentado, se levantó rápidamente al verlo regresar:

—¿Pasó algo, joven Laín? ¿Olvidó algo?

Laín entrecerró un poco los ojos y, con un tono cordial, respondió: —No, quiero hablar a solas con Nilo.

El viejo doctor se quedó atónito: —¿Eh?

Nilo le dijo: —Por favor, salga un momento. Platicaré un rato con Laín.

El viejo doctor: —... —Dudó unos segundos, pero asintió y salió.

Al cerrarse la puerta, solo quedaron Laín y Nilo en la habitación.

Esta era la primera vez que los dos estaban a solas para una charla privada.

Nilo, recargado en la cabecera, miró a Laín y preguntó:

—¿Se te ofrece algo?

Laín fue directo: —Quiero escuchar tu historia. Si no te es cómodo contarla toda, no importa, con que me digas lo que respecta a Tesoro, me basta.

Nilo: —...

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