Miro asintió, imprimió una copia de la información que había recopilado y se la entregó a Aspen.
Aspen tomó los documentos y comenzó a leer.
Miro explicó:
—No pude encontrar su lugar de nacimiento ni información sobre sus padres. Tampoco sé su nombre real. Sus colegas y vecinos lo llaman don Héctor.
—Hace más de diez años, él y su esposa vivieron un tiempo en Monte Gélido, y ahora residen en Marlando.
—Su esposa es delicada de salud y lleva años postrada en cama. Él trabaja como guardia de seguridad en Marlando. La pareja depende el uno del otro en su día a día. No tienen hijos, ni familiares, y la casa en la que viven es alquilada.
—Las condiciones en El Barrio Marginal son limitadas; solo hay cámaras de seguridad en la entrada. Además, allí vive gente de todo tipo, por lo que no se sabe con quién se ha estado relacionando todos estos años.
Aspen preguntó:
—¿Nunca tuvieron hijos o les pasó algo?
Miro respondió:
—Al parecer, el niño tuvo un accidente. Cuando estaban en Monte Gélido, tenían a un niño con ellos; hay registros en el hospital de allá. Sin embargo, solo registraron su apodo, Mateito.
—Pero luego, Mateito enfermó y falleció.
—Fue en esa época cuando la esposa de don Héctor desarrolló su enfermedad.
Aspen entrecerró los ojos.
—¿Tienen alguna foto de Mateito?
Miro negó con la cabeza.
—Lo revisé. El hospital no tiene fotos en sus registros. Parece que solo estuvieron en el hospital durante un día. Después de que el médico emitió un aviso de estado crítico, intentaron trasladar al niño a otra clínica, pero no tuvieron tiempo. Mateito no resistió y falleció poco después.
Aspen observó fijamente los documentos.
—¿Murió por envenenamiento?
Miro asintió.
—Los archivos del hospital indican que el niño falleció intoxicado.
Aspen preguntó:
—¿En el archivo dice que tenía cinco años?
Miro asintió.
—Eso es lo que está escrito. Sin embargo, no hay garantía de que esa edad sea real. El hospital al que acudieron en ese entonces no era muy formal. Ni siquiera dejaron información de identificación, solo el apodo del niño, que incluso podría ser falso, así que la edad tampoco es segura.
Aspen indagó:
—Si el lugar era tan informal y ya pasaron más de diez años, ¿por qué todavía existen esos archivos?
Miro se quedó pasmado un instante.
—No había pensado en eso.
Laín intervino:
—¿Papá sospecha que el niño que cuidaban en Monte Gélido podría ser Nueve, el guardaespaldas de Ricardo Rojas?
Aspen asintió.
—Pero las edades no coinciden.
Laín comentó:
—Es muy probable que hayan falsificado la información.
Aspen murmuró en señal de acuerdo, repasó el resto de los documentos y le preguntó a Miro:
—¿Podemos averiguar más detalles sobre la enfermedad de su esposa?
Miro respondió:
—Eso es fácil de investigar. Han estado yendo constantemente al Hospital General de su zona, donde hay un historial médico. Sin embargo, cuando intenté usar su información para investigar a don Héctor, descubrí que los datos de la identidad de ella parecen ser falsos.
—Su información indica que se llama Juana, tiene cincuenta años y es de Marlando. Pero cuando revisé el registro civil con esos datos, descubrí que esa persona no existe.
Aspen no se sorprendió; la relación entre ese hombre y Nueve era especial. Era obvio que su información y la de su esposa estarían encriptadas.
—¿Hay algún indicio de que su historial médico haya sido falsificado?
Miro dijo:
—Probablemente no. Van a revisiones periódicas. La situación de Juana es lo suficientemente grave, aunque de momento no parece ser letal, pero al ser una afección acumulada por años, es muy difícil de curar.
—Actualmente debe de estar viviendo en un constante dolor crónico.
Aspen dijo:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...