El Señor de la Selva habló con extrema dureza, dejando al Patriarca Dorado rojo de vergüenza y sin poder articular ni una sola palabra.
Anselmo estaba de un humor excelente, sintiéndose totalmente liberado.
Últimamente la familia Dorado le había causado demasiados dolores de cabeza, ¡así que hoy por fin podía disfrutar de su venganza!
Se quedó observando el espectáculo por un momento y luego le dijo al Señor de la Selva en tono conciliador:
—Tranquilícese, el coraje hace daño a la salud.
—Aunque la actitud de la familia Dorado nos decepcionó profundamente, hay que ser justos: creo que estos incidentes no tienen nada que ver con el Patriarca, después de todo, él ha estado con nosotros todo este tiempo.
—Todo este problema recae sobre los hombros de Hugo Dorado. Si va a castigar a alguien, él debería llevarse la peor parte. Él es el principal responsable, el Patriarca a lo sumo tiene una responsabilidad indirecta.
El Señor de la Selva asintió:
—Tienes razón.
Al escuchar esto, el Patriarca Dorado abrió mucho los ojos y protestó desesperado:
—Señor, yo conozco a Hugo, él...
Pero el Señor de la Selva levantó la mano, cortándolo en seco:
—Concuerdo con Anselmo. Confío en que tú no estuviste involucrado, ¡así que es Hugo quien recibirá todo el peso del castigo!
—Sin embargo, deberías reflexionar seriamente. Eres la cabeza de la familia Dorado; si hay fallas en tu gente, también tienes parte de la culpa.
El Patriarca Dorado balbuceó:
—Señor, yo...
El Señor de la Selva volvió a silenciarlo con un gesto de la mano y miró su reloj:
—Vámonos, el torneo está por comenzar. Veremos las competencias primero; yo mismo me encargaré del asunto de Hugo más tarde. Ahora que todo se ha aclarado, lo que sigue es trámite.
Dicho esto, miró a su asistente de confianza:
—Avísales a los de la estación de policía que sigan el procedimiento oficial. Sin importar de quién se trate, si tienen que arrestar a alguien, que lo hagan.
El asistente asintió:
—¡Sí, señor!
Anselmo, con una sonrisa astuta en los ojos, se marchó detrás del Señor de la Selva.
¡El Patriarca Dorado cayó pesadamente sobre la silla, jadeando por la frustración!
Su hombre de confianza se acercó de inmediato, frunciendo el ceño:
—Anselmo lo hizo a propósito. Finge preocuparse por usted, pero en realidad quiere acabar con Hugo. Sabe perfectamente que el Señor de la Selva no sería implacable con usted, ¡pero Hugo no goza de esos privilegios!
—Con un escándalo de esta magnitud, si arrestan a Hugo, será casi imposible sacarlo. Seguro pasará varios años tras las rejas.
Históricamente, el Señor de la Selva evitaba procesar a los líderes de las grandes familias, pues representaban los cimientos del lugar.
Si caían, ¡todo su linaje se desmoronaba con ellos!
Por eso, al recaer toda la culpa en Hugo, la situación se volvía desesperada para los Dorado. ¡Les habría convenido más que el propio Patriarca asumiera la culpa!
En resumen: si el Patriarca cometía un error, no sería su fin, ¡pero para Hugo sí lo sería!
Llegados a ese punto, la vida de Hugo pendía de un hilo.
Con el rostro pálido de rabia, el Patriarca Dorado dio un fuerte golpe en la mesa; con el impacto, su taza de cerámica cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos.
Su asistente permaneció de pie a un lado, con la cabeza baja, sin atreverse siquiera a respirar fuerte.
El Patriarca apretó los dientes con furia:

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...