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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4024

—¿A que Eric es guapísimo, verdad?

Pink asintió y sacó la lengüita.

Tesoro no entendía qué decía, pero sabía que también estaba de acuerdo con lo atractivo que era Eric.

Tesoro sonrió, le acarició la cabecita y volvió a lo suyo en el escritorio.

Eric abrió lentamente los ojos, la observó con ternura por un momento y volvió a cerrarlos.

La pesadilla lo atacó de nuevo...

Una noche lluviosa y oscura. Él, de unos doce o trece años, corría a trompicones huyendo de la cabaña en las profundidades del bosque.

Pero no llegó muy lejos cuando se tropezó con una rama.

Trató de levantarse con esfuerzo, intentándolo varias veces y cayendo otras tantas antes de lograrlo.

Se agarró el pecho, soportando el dolor en todo su cuerpo, y siguió corriendo.

Se caía, se levantaba, volvía a caer, y se volvía a levantar.

Mientras corría, miraba hacia atrás. A sus espaldas estaba el espeso y aterrador bosque, tan cubierto de niebla que ni siquiera los árboles se veían con claridad.

El viento aullaba ferozmente, las sombras de los árboles se balanceaban como si innumerables manos corrieran para atraparlo.

Al frente, todo era una cortina de niebla, no había un camino visible.

Atrás estaba el terror que conocía, y adelante, el miedo a lo desconocido. ¡Retroceder o avanzar era igual de aterrador!

De pronto, la risa burlona de un hombre resonó a sus espaldas:

—¡Maldito malagradecido! ¿No te das cuenta de quién te salvó la vida? ¡No tienes ni una pizca de gratitud, eres un perro rabioso!

—Pedacito de basura, ¿crees que puedes escapar? Yo soy el dueño de este bosque. Sin mi permiso, nadie sale vivo de aquí, y sin los suministros que te doy, ni siquiera tendrás fuerzas para huir. Regresa, solo yo puedo salvarte, jajaja...

La risa del hombre era sombría, como la de un demonio.

Eric temblaba, jadeaba y usaba todas sus fuerzas para seguir adelante.

Solo quería escapar. Escapar del control de ese monstruo, escapar de ese tétrico bosque, escapar de ese lugar donde no sentía la más mínima seguridad...

Pero mientras corría, pisó en falso.

—¡Ahhhh!

Acompañado por su propio grito de horror, cayó al fondo de un pozo completamente oscuro.

Se rompió la pierna, intentó ponerse de pie pero le fue imposible.

¡Estaba aterrorizado, inquieto, furioso y desesperado!

Llevado al límite, gritó y golpeó con los puños su pierna herida, mientras un sentimiento de total impotencia lo invadía...

De pronto, un rayo de luz iluminó el pozo, pero no le trajo esperanza, ¡solo lo llenó de más pánico!

Una sombra alta apareció en el borde del hoyo y el hombre le apuntó directamente a los ojos con una linterna.

La intensa luz le impedía ver su rostro, pero podía imaginar la sonrisa de burla en sus labios.

La desesperación lo asaltó, el mundo le dio vueltas y se desmayó.

Cuando volvió a despertar, estaba de regreso en esa choza destartalada que tanto odiaba y que tanto miedo le daba.

El hombre con el lunar negro sobre la ceja se acercaba sosteniendo un tazón con remedios.

Estaba aterrorizado. Trató de luchar para levantarse, pero descubrió que tanto sus brazos como sus piernas estaban fuertemente atados a la cabecera de la cama.

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