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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3983

Tesoro dijo: —Esto le salvará la vida.

Don Anselmo se quedó atónito, pero se apresuró a tomarla y tragarla.

—Gracias, pequeña Bello.

Tesoro respondió: —De nada. Más tarde, cuando se enfrente al Patriarca Dorado, si nota que algo no va bien, simplemente finja un desmayo. No se enfrente directamente a él, no tiene caso. El hombre sabio sabe cuándo retroceder; el que ríe al último, ríe mejor.

Don Anselmo sonrió.

—Sí, tienes toda la razón.

—Hoy me llamó Braulio del Pozo. Me dijo que tienes un gran talento para aprender el Arte del Vínculo. ¡Tienes el don! Si estás dispuesta a aprender, ¡la Familia del Pozo se encargará de convertirte en una gran maestra!

Tesoro se apresuró a responder: —Estoy dispuesta a aprender.

La mirada de Don Anselmo se llenó de afecto.

—Bien, mientras tú quieras, la Familia del Pozo te enseñará absolutamente todo lo que sabe.

Tesoro afirmó con firmeza: —¡Y yo también daré todo de mí para proteger a la Familia del Pozo!

Don Anselmo, conmovido, exclamó: —¡Buena chica!

Un rato después, tras despedir con la mirada a los ancianos del clan, Don Anselmo regresó al lado del Señor de la Selva.

Tesoro siguió a Yago del Pozo y a los demás de vuelta a las gradas del público.

Solo con ver las expresiones de la Familia del Pozo, era evidente que habían soportado un sinfín de humillaciones por parte de la Familia Dorado y la Familia Palma, quienes estaban sentados cerca.

Al verlos regresar, la Familia del Pozo preguntó con preocupación:

—¿Qué pasó? ¿Están bien los ancianos?

Antes de que pudieran responder, los miembros de la Familia Dorado y la Familia Palma comenzaron con sus burlas sarcásticas.

—¿Acaso hace falta preguntar? Aunque no estén muertos, ¡seguro apenas les queda un aliento de vida!

—¿Y con ese nivel de poder se atreven a presentarse? ¿Acaso la Familia del Pozo se quedó sin maestros? ¡Qué vergüenza!

—Si todos esos viejos decrépitos son tan inútiles, ¡ni me imagino a los más jóvenes! Jajaja... ¡Ah!

Mientras se reían a carcajadas, de repente apretaron los labios y la risa se esfumó.

¡Se llevaron las manos al cuello, con los rostros completamente rojos por la falta de aire!

Los demás se sobresaltaron. —¿Qué les pasa?

Uno de ellos, con los ojos desorbitados, señaló a Tesoro. Quería gritar, pero no lograba emitir ni un solo sonido, ¡estaba a punto de volverse loco de la desesperación!

Los demás fulminaron a Tesoro con la mirada. —¡¿Qué les hiciste?!

Tesoro respondió con calma:

—No quería escuchar sus estupideces, así que los mandé a callar. Tranquilos, no se van a morir, a lo mucho sentirán que se asfixian; sufrirán un poco, pero seguirán vivos.

Alguien de la Familia Dorado soltó una grosería. —Tú, maldita...

Lamentablemente, no pudo terminar la frase. ¡De repente sintió que la respiración se le cortaba y se asfixió!

Él también se llevó las manos a la garganta, ¡mirando a Tesoro con puro terror!

Tesoro le sacó la lengua de forma juguetona y luego miró a los demás.

—¡Quien diga una sola palabra más, terminará igual!

—Y si no les parece, siempre pueden hacer un escándalo como ese idiota de David Dorado. A ver qué le dicen al Señor de la Selva cuando venga a preguntar qué pasó. ¡Al fin y al cabo, no tienen ninguna prueba de que fui yo!

Tesoro levantó ligeramente el mentón, luciendo encantadora y traviesa.

Pero esas palabras, al llegar a los oídos de la Familia Dorado y la Familia Palma, ¡los hicieron hervir de rabia!

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