—¿Disculparme contigo? ¡Demasiada paciencia he tenido al no buscarte problemas! ¡No creas que soy estúpido, sé perfectamente que todo este teatro de hoy fue obra tuya y de tu hermana!
Ledo hizo una mueca de desdén:
—¿Tienes alguna prueba?
El Patriarca Dorado respondió:
—¡Pronto investigaré todo a fondo! ¡No podrás escapar!
Pero Ledo le contestó con calma:
—Yo sí tengo pruebas que demuestran que David y Cristina se aliaron para hacernos daño.
El Patriarca Dorado quedó boquiabierto:
—¿Qué dijiste?
Todos los presentes miraron a Ledo, y los murmullos estallaron por todo el recinto:
—¿Escuché bien? Este niño acaba de decir que David y Cristina se aliaron para atacarlos. ¡Eso es imposible! Ellos son forasteros y tal vez no entienden lo importante que es esta asamblea, pero David y Cristina lo saben perfectamente.
—Pero, ¿no escuchaste? Él mismo dijo que tiene pruebas.
—Si lo piensas, tiene sentido. Aunque Cristina está comprometida con David, sabemos que ella a quien de verdad quiere es a Mateo, así que debe odiar a la chica. Y por su parte, David siempre le ha tenido envidia a Mateo, así que no soporta verlo feliz. Como no puede atacar a Mateo directamente, es muy probable que haya decidido ir tras los hermanos Ortega.
—¡Vaya, visto de esa forma, tiene toda la lógica del mundo!
Al escuchar los comentarios, la respiración de Cristina se agitó.
—¡Eso es mentira! Señor de La Selva, ¡me están acusando injustamente!
David también comenzó a gritar:
—¡Están inventando cosas, ellos fueron los que intentaron matarme! ¡Señor de La Selva, arreste a esos dos y mándelos a golpear!
El líder frunció el ceño, lanzó una mirada de evidente disgusto a David y se dirigió a Ledo:
—¿Qué clase de pruebas tienes?
Ledo se puso de pie y sostuvo en alto el insecto venenoso que había atacado a Tesoro, mostrándoselo a todos.
—Esta es la prueba. Lo vi intentar morder a mi hermana y logré atraparlo a tiempo.
La multitud exclamó:
—¡Es un insecto venenoso!
Tesoro y Eric Enríquez también se sorprendieron, mirando con asombro el insecto en las manos de Ledo.
Mateo frunció el ceño:
—¿De dónde salió eso?
Ledo respondió con seguridad:
—Lo soltaron la señorita Palma y el joven Dorado.
¡Cristina y su sirvienta abrieron los ojos como platos, con la respiración entrecortada!
David comenzó a chillar:
—¡Estás diciendo estupideces, ese no es un insecto de los Dorado! ¡Nosotros no criamos ese tipo de bestias!
El Patriarca Dorado le hizo una señal inmediata a uno de sus hombres de confianza para que se acercara a revisar.
El hombre se apresuró hacia Ledo, observó detenidamente el insecto por un momento, y luego se volvió emocionado:
—¡Patriarca, este insecto no pertenece a nuestra familia!
El Patriarca Dorado preguntó rápidamente:
—¿Estás completamente seguro?
El hombre asintió:
—¡Completamente seguro, al cien por ciento!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...