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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3954

—¿Quieres agua?

—No me apetece —respondió Tesoro—. Tomaré un poco después de ver cuánto tengo de fiebre.

Ledo frunció el ceño con fuerza; el corazón se le partía al verla así.

—Ledo, de verdad estoy bien —intentó consolarlo Tesoro.

—¡¿Cómo vas a estar bien si estás ardiendo en fiebre?! —replicó él—. ¡Hasta la voz la tienes ronca! Te ves marchita, sin fuerzas... ¡¿Me vas a decir que no te sientes mal?!

Tesoro sonrió levemente.

—Hay dolor, pero es un dolor con alegría. ¡Ledo, hice un gran descubrimiento!

—¿Qué descubrimiento? —preguntó él.

Tesoro le hizo un gesto con la mano para que se acercara, y le susurró el secreto al oído.

Al escucharlo, ¡los ojos de Ledo se abrieron de par en par!

—Tesoro...

—¡Deberías estar feliz por mí! —exclamó Tesoro.

Pero Ledo apretó los dientes, respirando de manera agitada.

—¡¿Estás tratando de matarte?!

Tesoro levantó una mano y le tiró suavemente de la manga.

—Sabía exactamente lo que estaba haciendo.

Pero Ledo la regañó sin piedad:

—¡Por más segura que estés, no puedes andar arriesgando tu cuerpo de esta manera! ¡¿Qué hubiera pasado si calculabas mal?! Si algo malo te llegara a pasar, ¡¿cómo se supone que viviríamos nosotros?!

Los ojos de Tesoro se llenaron de lágrimas, sus párpados enrojecidos brillaban húmedos.

Al verla así, el corazón de Ledo volvió a ablandarse y su tono bajó varios niveles.

—No te estoy regañando... Solo estaba muy asustado por ti.

Tesoro hizo un pucherito y lo miró con ojitos de cachorrito a punto de llorar. Ledo, sintiéndose culpable, se apresuró a mimarla.

—Ya, ya, ya, perdóname, Ledo se equivocó. No debí enojarme contigo, debí hablarte con más cariño. No llores, por favor.

Tesoro sorbió por la nariz.

—Solo quería compartirte mi gran logro.

Ledo le acarició el rostro con dulzura.

—Lo entiendo, pequeña. Pero... prométeme que de ahora en adelante no arriesgaremos tu salud, ¿de acuerdo? Antes de hacer algo peligroso, al menos platícalo conmigo primero, ¿sí?

Tesoro asintió.

—Está bien.

Él le acarició suavemente el cabello.

—Buena chica.

Entonces, Tesoro continuó con más seriedad:

—La historia dice que los grandes maestros de la medicina antigua tuvieron que probar innumerables cosas venenosas para descubrir sus propiedades. Desde siempre, si un experto médico quiere lograr grandes avances, debe estar dispuesto a sacrificarse.

»La bisabuela solía decir que el primer paso para avanzar es romper las reglas; primero se destruye la normalidad, y solo entonces se puede hablar de progreso.

»Como investigadora médica, debo tener el valor de desafiar los límites de la medicina actual. Y sobre todo, la valentía para experimentar y sacrificarme si es necesario.

»Pero para mí, esto no es solo un sacrificio. Es mi gran pasión. Ledo, me encantan los desafíos, me fascina superar mis propios límites. Quiero volverme cada vez más fuerte, con la esperanza de que algún día pueda curar cualquier enfermedad imposible que exista en este mundo y evitar que los pacientes sufran inútilmente.

Ledo se quedó callado un momento antes de responder con suavidad:

—...Te entiendo y te apoyo completamente. Pero recuerda: la salud siempre es lo primero. Nos esforzaremos juntos para lograrlo.

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