Al confirmar que el alboroto provenía del interior de la base a sus espaldas, Lázaro Rojas colgó la llamada de inmediato y corrió hacia adentro.
No había rastro de los tres en el primer piso; el alboroto venía del sótano.
Bajó a toda prisa por las escaleras y, apenas entró, vio manchas de sangre y cuerpos de insectos venenosos esparcidos por el suelo.
Los tres estaban reunidos en círculo, observando a las criaturas sobrevivientes que se encogían aterradas.
Lázaro notó la inquietud de su propio Vínculo Maestro y cayó en cuenta de que su preocupación había sido infundada.
Si su Vínculo Maestro se veía afectado por la serpiente mascota de Ledo, ni hablar de esas criaturas tóxicas que aún no alcanzaban el rango máximo.
El Vínculo Maestro y el Maestro del Vínculo no solo compartían la vida, sino que se potenciaban mutuamente.
Antes de ser domado, un Vínculo Maestro no era más que un bicho letal promedio.
Después de ser sometido, si el Maestro del Vínculo fortalecía su poder, el Vínculo también se fortalecía.
En resumen, todos esos insectos estaban en su estado primitivo, todavía no habían encontrado a alguien capaz de sacar su potencial.
Eran nivel básico, los Vínculos Maestros eran nivel medio y el Vínculo Umbrío era de nivel avanzado.
La diferencia de poder entre ellos era abismal.
Lázaro soltó el aire lentamente y el nudo en su pecho se aflojó.
—¿Están bien?
Tanto Ledo como Eric sabían que su preocupación no era por ellos dos, sino por Tesoro.
Ledo se explicó:
—Querían mordernos. No tuve otra opción que mandarlos al otro mundo.
Lázaro preguntó sorprendido:
—¿Los mandaste?
Ledo alzó el mentón, indicándole que mirara hacia un lado.
Lázaro siguió la dirección que le marcaba Ledo y sintió que se le nublaba la vista.
¡Si el Patriarca Dorado viera esto, se moriría de dolor!
Ledo no había matado a una, había acabado con todo un enjambre, ¡casi extingue el nido completo!
Ledo agregó casualmente:
—Sé que todavía necesitan que se reproduzcan, así que les dejé un par vivo. De nada.
Lázaro se quedó mudo.
Tesoro intervino:
—No sufras. Sé que estos pequeños son valiosos, así que no los desperdiciaré. En un rato empacaré sus cuerpos y me los llevaré para aprovecharlos.
Lázaro no supo qué decir.
La Familia Dorado realmente tenía una suerte de los mil demonios al haberse topado con estos hermanos.
Lázaro iba a decir algo cuando su celular sonó de nuevo. Era otra vez el Patriarca Dorado.
Las llamadas del Patriarca siempre debían ser contestadas, esa había sido la orden de Aura Dorado.
Lázaro no colgó, pero les dijo a los jóvenes:
—Pueden llevarse los que les gusten, pero no se los lleven todos, o la Familia Dorado peleará a muerte con ustedes.
—Sé que no son rivales para ustedes, pero los harían perder el tiempo e interferirían en sus asuntos.
Tesoro asintió.
—Entendido.
Lázaro salió de nuevo con el teléfono en la mano. Apenas conectó la llamada, el Patriarca Dorado empezó a exigir respuestas.
—¡¿Qué diablos pasó?!
Lázaro respondió:
—Murieron algunos insectos.
El Patriarca abrió los ojos de par en par.
—¡¿Qué?!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...