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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3896

Lázaro Rojas habló con tono implacable.

—Conozco a la perfección su poder y sus contactos. La Familia Dorado no puede permitirse provocarlos.

Hugo apretó los labios, destilando sarcasmo.

—¿No se estará confundiendo, don Forte? Aunque su padre sea el hombre más rico, la situación en La Selva es muy particular. No le tenemos miedo. Por muy poderoso que sea, su influencia no llega hasta nuestras tierras.

—Además, los tiempos han cambiado. Con la posición que ocupa hoy la Familia Dorado, incluso si el señor Bello en persona viniera hasta La Selva, no nos intimidaría.

—Si se atreve a venir, no logrará destruir a nuestra familia; ¡solo conseguirá cavar su propia tumba!

Lázaro arrugó la frente, indignado.

—¡Qué nivel de ignorancia e insensatez! Hagan exactamente lo que les ordeno: preparen de inmediato un par de sus mejores habitaciones para ellos y recibánlos como es debido. Y corran la voz: cualquiera que intente ponerles un dedo encima se las verá conmigo. ¡Y cuando me vengo, no tengo piedad!

Lázaro cortó la llamada de tajo, dejando a Hugo consumido por la rabia.

—¡Maldita sea! ¿Quién se cree que es? Ni siquiera lleva nuestra sangre, ¡¿qué derecho tiene a darnos órdenes como si fuéramos sus perros?!

—Y esos mocosos Bello, ¿qué se creen? ¡¿Y qué si los eliminamos?! Si ese tal Bello se atreve a buscar problemas, ¡acabamos con él también!

Hugo soltaba maldiciones mientras a su lado, Horacio, le preguntó:

—¿Qué está pasando?

Hugo explicó: —Era Forte. Dice que la chiquilla de los Bello va a venir a quedarse aquí...

Le resumió la situación, y Horacio, al escuchar los detalles, respondió con profundo desdén:

—De verdad se cree el dueño del mundo. ¡¿Piensa que él manda en la Familia Dorado?! Y esa mocosa insolente, que se atreve a venir a nuestra casa a provocarnos... ¡Maldición, si pone un pie aquí, yo mismo la liquidaré!

Hugo exhaló con fuerza, su rostro envuelto en penumbra.

—Aún no es el momento de romper lazos con Forte, menos ahora que necesitamos que él se haga cargo del Vínculo Umbrío de Aura.

Horacio insistió:

—¿Entonces qué propones? ¿Dejar que esa mocosa entre por nuestra puerta y luego venerarla como si fuera una santa? ¡¿Dónde queda el orgullo de los Dorado?! ¡¿Cómo vamos a mantener el respeto en La Selva después de esto?!

—Y hay que tener algo muy claro: ahora mismo esa chiquilla no solo representa a su familia, ¡también a la Familia del Pozo! ¡Se supone que es la novia de Mateo, la futura matriarca de los del Pozo!

—Si dejamos que la futura matriarca de la Familia del Pozo nos pisotee, ¡¿qué clase de imagen estamos dando?!

Hugo frunció el ceño, meditando.

—Es una estúpida que no tiene idea de con quién se está metiendo. ¡Atreverse a venir a causar problemas a la Familia Dorado! ¡Realmente debe estar cansada de vivir!

La mirada de Horacio se volvió perversa.

—Seguro que alguien la manipuló para que hiciera esto. De lo contrario, a una mocosa de su edad, ni aunque le dieran todo el valor del mundo, se le ocurriría venir a pavonearse frente a la Familia Dorado.

Hugo asintió, su rostro endurecido por la sospecha.

—¿Sugieres que alguien le enseñó a actuar así?

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