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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3887

Octavio arrugó el ceño intentando armar el rompecabezas.

—¿Habrás abierto de más la boca y sospechó que le estábamos tendiendo una trampa?

El hombre se apresuró a negar desesperadamente.

—¡No, claro que no! No dije ni una sola palabra fuera de lugar, me pegué al guion que usted me dio. Por su reacción, estoy seguro de que no sospecha nada. Al final, él cree que me tiene acorralado con ese veneno que me hizo tragar, así que ni por asomo desconfía de mí.

Octavio clavó su mirada en él durante unos largos y asfixiantes segundos. Al ver que el pobre diablo no parecía mentir, soltó un bufido prolongado para liberar tensión.

—¿Y cómo demonios va a contactarte?

El hombre intentó calmar sus nervios.

—Dijo que él mismo iría a El Pabellón Uno a buscarme. Que me limitara a esperar.

Octavio guardó silencio por un breve instante y luego espetó con frialdad:

—Pues que disfrute unos días más de su estúpida tranquilidad. ¡Ya me encargaré de destruirlo más adelante!

Antes de marcharse, no dejó pasar la oportunidad de soltar una advertencia letal.

—Más te vale mantener un perfil bajo y ser obediente. Conoces muy bien lo que es capaz de hacer la Familia Dorado. Si llegas a cruzarte en nuestro camino, te juro que rogarás por la muerte.

El hombre, conteniendo el aliento, asintió vigorosamente: —Lo tengo claro, señor.

Octavio salió del carruaje y sacó su teléfono para marcarle de inmediato a Dante Dorado.

—Ese mocoso insolente anda ocupado en quién sabe qué, ¡resulta que no tiene tiempo de ir a El Pabellón Uno en estos días! ¡Qué frustración! Y yo que me moría de ganas por arrastrarlo hasta acá y hacerlo sufrir hoy mismo.

Dante le contestó al otro lado de la línea:

—No comas ansias. ¿No decías que ese mocoso andaba desesperado por encontrarte? ¿Por qué cambió de opinión tan rápido? ¿Acaso descubrió nuestra movida?

Octavio lo negó con seguridad:

—Imposible. Nuestra gente está aterrada, no tienen el valor de apuñalarnos por la espalda. Seguro de verdad le surgió algún inconveniente. La pregunta es, ¿qué clase de problemas podría tener un niño en un lugar donde no conoce a nadie?

Dante se quedó pensativo un momento antes de preguntar:

—¿Aún sigue metido en la mansión de la Familia del Pozo?

Octavio confirmó: —Ajá. Y por lo que escuché, los del Pozo lo están tratando a cuerpo de rey. Lo ven como un huésped de máxima categoría.

Dante razonó con tranquilidad:

—Es de esperarse. La Familia del Pozo está fascinada con ese matrimonio arreglado. Obviamente tratarán a los Bello entre algodones.

Octavio soltó una carcajada burlona y amarga.

—¡Quiero ver si los del Pozo siguen tan orgullosos cuando Cristina Palma deje a la niñita Bello humillada frente a toda La Selva! ¡Que la supuesta matriarca del futuro de los del Pozo quede pisoteada por la futura líder de la Familia Dorado será una humillación monumental que jamás olvidarán!

Las palabras lograron que el humor de Dante mejorara notablemente.

—Cambiando de tema, ya que lo del niño Bello se pospuso, necesito que me hagas un favor y vayas a la comisaría de policía en mi lugar. Yo sigo atascado en esta asamblea con El Señor de la Selva y no creo poder salir pronto.

Octavio se extrañó: —¿A la comisaría? ¿A qué iría allí?

Dante le explicó la situación:

—Ve a visitar a los padres de Cristina Palma. Haz que se callen y dejen de armar su teatrito de victimización. Que dejen de exigir ver a Cristina a cada rato. Sus problemas legales tendrán que esperar a que concluya el Gran Torneo. Bajo ninguna circunstancia deben distraer a Cristina de su preparación.

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