Entrar Via

¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3853

Ledo, con genuina curiosidad, inclinó la cabeza.

—Si aquí nadie sabe quién es nadie, ¿cómo es que ustedes conocen a su propio jefe?

El hombre se tensó, visiblemente irritado.

—¡Eso no te incumbe! ¡Lárgate! Si no te vas ahora mismo, te vas a arrepentir.

Ledo no quería problemas innecesarios, así que intentó razonar.

—¿Ni siquiera si pago bien?

—¡No! —escupió el hombre, cortante.

—¿Y si pagara muchísimo dinero? —insistió Ledo, alzando una ceja.

El hombre titubeó por una fracción de segundo.

—¿De cuánto estamos hablando?

Ledo sonrió levemente. Su hermano mayor tenía razón: en este mundo, el 95% de los problemas se arreglan con dinero. Y si no se arreglan, es porque no estás pagando lo suficiente.

—Pongan ustedes la cifra.

El hombre lo evaluó de arriba abajo.

—Primero dinos cuánto traes encima.

—Yo no traigo mucho efectivo —admitió Ledo con tranquilidad—, pero mi socio sí. Tiene bastante. No sé la cifra exacta que maneja, pero les aseguro algo: si le ayudan, no se van a arrepentir. Será un negocio redondo para ustedes.

El hombre frunció el ceño, buscando con la mirada.

—¿Y dónde está ese supuesto socio?

Ledo señaló despreocupadamente hacia la esquina diagonal.

—Allá. En el puesto de Arturo 'El Tercio'.

La actitud del hombre cambió de inmediato, su voz cargada de hostilidad.

—¡¿Fueron a buscar a El Tercio?!

—Claro —respondió Ledo, encogiéndose de hombros—. Estamos pagando por un servicio. ¡El que nos encuentre a la persona, se lleva el dinero!

Apenas terminó de hablar, un grito ahogado recorrió el mercado.

Ledo y los hombres de El Quiste giraron la cabeza hacia el origen del alboroto. En el puesto de enfrente, los matones de El Tercio estaban tirados en el suelo, retorciéndose de dolor como si sus vidas pendieran de un hilo.

Frente a ellos, erguido y emanando un aura gélida, estaba Lázaro. Los miraba con absoluto desprecio.

Pasaron unos angustiosos segundos hasta que los hombres de El Tercio dejaron de retorcerse. Jadeando y temblando, se arrodillaron frente a Lázaro.

—Lo llevaremos con el jefe de inmediato, señor...

Lázaro ni siquiera les respondió. Solo lanzó una breve mirada en dirección a Ledo y se alejó escoltado por los matones sometidos.

Los hombres de El Quiste estaban atónitos.

—¿Qué clase de monstruo es ese tipo? ¡La gente de El Tercio está aterrorizada!

Ledo también alzó una ceja, un poco sorprendido. *¿No se suponía que debíamos mantener un perfil bajo? Me dice que no llame la atención y es el primero en romper piernas*, pensó.

Volvió su atención a los hombres de El Quiste, con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo