Ledo también notó el problema. ¡Ambos se detuvieron al mismo tiempo y giraron la cabeza casi sincronizados!
Los dos fruncieron el ceño, concentrando su mirada y atención en un mismo punto.
Ledo, con expresión seria, dijo:
—Alguien nos está siguiendo. ¡Iré a ver!
Ledo estaba a punto de ir hacia allá, ¡pero Lázaro Rojas lo detuvo!
Lázaro Rojas indicó:
—Ignóralo, es alguien de la Familia Dorado. Sigamos adelante.
Ledo preguntó:
—¿Lo viste?
Lázaro Rojas negó con la cabeza:
—No.
Ledo inquirió:
—Entonces, ¿cómo sabes que es de la Familia Dorado?
Lázaro Rojas respondió:
—... ¡Conozco muy bien sus métodos!
Ledo miró con desconfianza.
—Pero siento que no son varios, sino que solo es él. Hay una sola persona siguiéndonos.
Lázaro Rojas frunció ligeramente el ceño y explicó:
—Aparte de él, debe haber más escondidos. Si te digo que no pasa nada, es porque no pasará nada. Sigamos.
Ledo seguía medio escéptico. Echó un último vistazo a la esquina oscura y luego miró a Lázaro Rojas.
—Oye, ¿acaso hay algo que me estás ocultando?
Lázaro Rojas negó con la cabeza.
—No.
Ledo advirtió:
—Te doy un consejo de buena fe: no te busques problemas innecesarios que solo te traerán amarguras.
Lázaro Rojas suspiró.
—... Ya lo sé. Date prisa, vámonos.
Ledo dudó unos segundos, pero finalmente siguió a Lázaro Rojas.
En la esquina oscura, un hombre con cubrebocas y gorra se apretaba fuertemente contra la pared, controlando hasta su propia respiración con sumo cuidado.
Después de un largo rato, finalmente asomó la cabeza y miró hacia la dirección por la que se habían ido Ledo y Lázaro Rojas.
Sin embargo, ya no quedaba rastro de ninguno de los dos. Frunció el ceño y, al no atreverse a perseguirlos imprudentemente, sacó su teléfono y le envió un mensaje a Lázaro Rojas.
[No olvides la promesa que me hiciste en Leona. Si te atreves a retractarte, ¡destruiré a Jade Castillo!]
Lázaro Rojas escuchó el sonido de su teléfono. Adivinando quién se lo había enviado, verificó el mensaje evitando disimuladamente la mirada de Ledo.
Al leer la amenaza de aquel hombre, frunció el ceño y respondió:
[Puedo enseñarte en cualquier momento, pero ahora Ledo Bello no se despega de mí. ¿Te atreves a mostrar tu cara frente a él? Si te atreves, puedes venir directamente a buscarme ahora mismo, sin necesidad de seguirme a escondidas.]
El hombre, al leer el mensaje, frunció profundamente el ceño y respondió:
[¡Deshazte de él!]
Lázaro Rojas replicó: [Es tu pequeño amo. Deberías conocer perfectamente su carácter. ¿De verdad crees que puedo encontrar una excusa válida para deshacerme de él en este momento?]
El rostro del hombre se oscureció de pura rabia.
[¡Más te vale que encuentres una manera! ¡Esta noche debes reunirte conmigo a solas!]
Lázaro Rojas le escribió: [Haré lo que pueda. El chico no puede estar persiguiéndome todo el tiempo. En cuanto se vaya, te enviaré mi ubicación para que nos veamos.]
El hombre contestó: [¡No intentes engañarme!]
Lázaro Rojas replicó: [A mi edad no tengo ninguna necesidad de jugar contigo. Lo único que me importa es mi esposa y Jade Castillo.]

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...