Anselmo, confundido, preguntó:
—¿Qué relación tiene Simone con Forte Dorado?
Antes de que Ledo pudiera hablar, Mateo lo cortó de tajo:
—Abuelo, esos son asuntos privados de Simone y Forte.
Mateo le lanzó una mirada de advertencia, indicándole que no hiciera más preguntas al respecto.
Anselmo captó la indirecta y asintió comprensivo.
—Entonces haremos lo que sugiere Ledo. Dejaremos que Simone hable con Forte primero. ¡Si ese Sello resultó ser de Aura, estamos ante un desastre monumental!
Al ver a Anselmo tan alterado, Ledo preguntó:
—Si realmente es de Aura, ¿qué se supone que debemos hacer?
—Informarle de inmediato a El Señor de la Selva —respondió Anselmo—. La Asociación de Maestros del Vínculo tendrá que emitir una alerta roja a toda la población y convocar a los Maestros de élite para idear una estrategia. ¡Hay que encontrarlo y exterminarlo antes de que sea tarde!
—Pero si es el Vínculo Umbrío nacido de la bestia de Aura Dorado, será imparable —observó Ledo—. ¿Quién en su sano juicio podría capturarlo?
El ceño de Anselmo se profundizó.
—Será una pesadilla. Pero tenemos que hacer algo. No podemos cruzarnos de brazos y esperar la muerte.
—Si quieren atraparlo, primero tendrán que sacarlo de su escondite, ¿no? ¿Cómo planean hacerlo?
Anselmo exhaló un suspiro cargado de resignación.
—La única manera es usar a un Maestro de alto rango como carnada.
Los ojos de Mateo casi se salen de sus órbitas.
—¡¿Un Maestro de alto rango?! ¿Sabe lo difícil que es forjar a uno? ¡¿Y lo van a lanzar como sacrificio humano?!
—No queda de otra —dijo Anselmo con voz lúgubre—. Aura y su Vínculo eran leyendas. El engendro que dejaron atrás será de una magnitud espeluznante. Un Maestro común no emitirá suficiente energía para atraerlo. Para esa bestia, sería como darle de comer migajas.
Un depredador de élite no se molesta en cazar ratones; solo saldrá de su cueva si huele la sangre de otro rey.
Ledo se giró hacia Anselmo.
—Don Anselmo, ¿usted es un Maestro de alto rango?
Anselmo asintió con modestia.
—Acabo de ascender hace poco.
—¿Y cuántos como usted hay en La Selva?
—Tal vez... uno en un millón.
Ledo silbó por lo bajo.
—Uno en un millón... sí que son raros. Pero si no saben dónde está la bestia, ¿cómo van a atraerla hacia la carnada?
—Los detalles tendrán que discutirse en el consejo —respondió el anciano.
Ledo se quedó callado unos instantes antes de mirar a Anselmo con ojitos de cachorro suplicante:
—Don Anselmo... cuando vayan a cazarlo, ¿me lleva con ustedes? Me encantaría verlo en primera fila.
Anselmo lo miró, estupefacto.
—... Tú no eres un Maestro del Vínculo. No puedo llevarte, sería un suicidio. Ni siquiera alguien con el nivel de Mateo tiene permitido ir, mucho menos un civil que no sabe nada de nuestras artes.
Ledo trató de persuadirlo:
—Le juro que no sé usar esos poderes, pero tampoco seré una carga. Sé pelear muy bien. Solo tengo curiosidad científica por ver qué es un Vínculo Umbrío y cómo funciona una cacería mágica.
Anselmo negó con firmeza.

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Cómo se llama la segunda parte de la novela?...