—Aunque no tenemos pruebas fatales contra él, la información está completísima. Mira a ver si puedes encontrar alguna pista ahí —dijo Miro, pasándole la memoria USB a Aspen.
—Ah, también deberías ponerle atención especial a uno de sus laboratorios —añadió.
—Ese laboratorio no está conectado a internet. Bisabuelo y bisabuela ya lo analizaron y están seguros de que ahí debe haber algo muy importante para Weber. ¡Seguro que sí! —
Aspen tomó el USB, intrigado.
—¿Un laboratorio sin conexión? —preguntó, dudoso.
Miro asintió con seriedad.
—Sí. En el USB está la ubicación del laboratorio y algunos datos, pero la verdad, no sé si te sirvan de mucho. Como pasa con el pueblo Carmel, todo lo que se puede averiguar parece falso. Lo que de verdad ocurre ahí adentro, nadie lo sabe —explicó.
Aspen frunció el ceño, pensativo por unos segundos.
—Entiendo. Déjame ver qué puedo sacar de esto —respondió al fin.
Luego cambió de tono y le dijo a Miro:
—No te preocupes más por lo de Weber por ahora. Vete al hotel a descansar, tu mamá te extraña mucho —le sonrió con calidez.
Miro, obediente, asintió y, cuando salió junto a Gael, se detuvo un segundo, miró a Aspen con mucha seriedad y le dijo:
—Papi, no quiero que le pase nada malo a mi hermana —su voz tembló un poco.
Aspen le revolvió el pelo con cariño.
—Tranquilo, papá lo sabe —le respondió, intentando calmarlo.
Apenas Miro se fue, Aspen conectó la memoria a su computadora y, al abrir los archivos, se sorprendió al ver la cantidad de información que había.
Había datos por todos lados, un verdadero laberinto. Aspen supo de inmediato que Miro había invertido mucho tiempo y esfuerzo en conseguirlo todo.
Miro no era como Ledo, que expresaba su cariño a los cuatro vientos. Pero eso no significaba que quisiera menos a Tesoro. Aunque su autismo ya era cosa del pasado, su carácter reservado seguía ahí. Miro seguía siendo de pocas palabras, guardándose siempre lo que sentía.
No era tan frío como Gael, pero tampoco tan alegre como Laín, Ledo, Luca o la misma Tesoro.
Pero Aspen se sentía agradecido. Si recordaba cómo estaba Miro antes de que Carol regresara… la diferencia era abismal. Ahora, las cosas iban mucho mejor.
Eran más de las dos de la mañana cuando Gael regresó.
—¿Vas a ir a Eagle? —
Gael asintió.
—El laboratorio que mencionó Miro, el que no tiene internet, es muy sospechoso. Seguro ahí Weber guarda algo importante. Quiero ir a echarle un ojo —dijo con voz tranquila, casi como si nada.
Aspen frunció más el ceño. Él también había puesto especial atención a ese laboratorio mientras revisaba la información. No era difícil imaginar lo que Weber podría estar haciendo ahí.
Si ese laboratorio no tenía conexión, seguramente era porque Weber hacía experimentos ilegales con personas. Era algo demasiado delicado, que podía destruir su reputación y su futuro. Por eso, ni siquiera se atrevía a conectar el lugar a la red.
Ese laboratorio debía ser lo más importante para Weber, por eso mismo la seguridad debía ser altísima.
Aspen no le temía a los matones ni a los mercenarios, pero sí a los venenos de Weber. Por más hábil que fuera Gael, si caía envenenado, no habría manera de salvarlo.
Aspen estuvo a punto de decirle que no, pero Gael se adelantó:
—Weber tiene que morir. Si no podemos atraparlo por internet, tendremos que hacerlo en persona. Si yo no me arriesgo, alguien más lo hará. Ahora mismo, de todos nosotros, sólo tú y yo podemos hacerlo. Pero tú ya estás en la mira de Weber y sería peligroso que te movieras. Yo soy el indicado —dijo Gael, con decisión.
Ni siquiera mencionó la posibilidad de mandar a Ledo. Por muy bueno que fuera Ledo en el combate, Gael jamás le dejaría algo así de peligroso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...