—¡Weber es una basura, se merece lo peor!
Aspen le dio vueltas al asunto por un rato en silencio, y luego le dijo a Ledo:
—Lo de Weber déjamelo a mí. Tú y Miro quédense tranquilos en la montaña aprendiendo. No se preocupen por su hermana, que aquí está su papá para cuidarla.
Cuando colgó la llamada con Ledo, Aspen frunció el ceño.
El asunto no era fácil de resolver, pero como ya tenían el ojo puesto sobre Tesoro y Nano, no podían dejar cabos sueltos.
No solo Weber tenía que pagar, también sus lacayos debían irse con él al infierno.
Había que arrancar el problema de raíz.
Aspen sacó los documentos que le había dado Hernán y los revisó con atención.
Entrecerró los ojos, pensativo...
Los días siguientes pasaron tranquilos.
Sin darse cuenta, ya era mediados de agosto cuando Lourdes llegó con una noticia terrible: Marin había fallecido.
Marin sufría de una enfermedad congénita y, con los recursos médicos que tenían, no había nada que hacer.
Cuando Carol recibió la noticia, sintió que el corazón se le detenía por un momento.
Aunque sabía que ese día llegaría, que fuera tan de repente la dejó sin palabras.
Le dolía el alma.
Le dolía por Luca, que se quedó sin su hermana mayor, y le dolía por la pequeña Marin.
Marin... realmente fue una niña muy desafortunada.
Cada vez que pensaba en ella, Carol recordaba aquel dicho:
—Algunos vienen a este mundo para disfrutar, y otros solo para sufrir.—
Marin, con su enfermedad incurable de nacimiento, ya tenía suficiente dolor, pero encima le había tocado un padre borracho, jugador y violento, y una madre frágil y ciega de amor.
Antes de que Don Monroy la encontrara, esa niña vivía en un verdadero infierno.
Apenas y pudo reencontrarse con su abuelo y sentir, por fin, un poco de cariño, pero el cuerpo ya no le aguantó más el sufrimiento.
Su vida, tan corta, parecía hecha solo para padecer.
Carol no tardó en llamar a Aspen y, junto con Laín y Tesoro, se fue a Lourdes.
Llegaron esa misma tarde.
Luca vestía un pequeño traje negro; tenía los ojos hinchados y rojos de tanto llorar. Apenas vio a Carol, se lanzó a sus brazos sollozando:
—Sí, sí, abrazo, hermano Luca te abraza.—
Entonces Tesoro, aún entre llantos, le dijo:
—Mami dice que hermana Marin se fue al cielo y va a estar allá mucho, mucho tiempo. Si algún día la extrañas, puedes buscarme y yo juego contigo, ¿sí?—
Luca asintió enseguida.
—Sí, sí...—
Carol se secó las lágrimas y se acercó a Don Monroy.
—Lo siento mucho, don.—
Don Monroy tenía los ojos enrojecidos y suspiró con resignación.
—Ay, hija, por lo menos ya descansó. Esta niña llevaba más de un mes sin poder comer, lo poco que aguantaba era por las medicinas. Los doctores ya no podían hacer nada más, la medicina no da para tanto aún...—
Y era verdad. Por mucho que hubiera avanzado la ciencia, todavía estaban lejos de poder curar todo.
Lo poco que habían logrado en medicina era nada comparado con lo rápido que algunos miserables inventaban nuevos virus.
En los últimos años, las enfermedades raras y las muertes jóvenes parecían multiplicarse...

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...