Quería visitarlo, pero al mismo tiempo le daba miedo hacerlo.
Temía ver la decepción en los ojos de Nolan aún más de lo que temía encontrar en ellos una vacía desolación.
Era un hombre tan bueno, y aun así el destino le había negado un final feliz.
Sentada en la sala, Scarlett esperó la respuesta de Nolan.
Pero pasó media hora sin que él respondiera.
Scarlett se sintió cada vez más inquieta y ansiosa.
Se puso de pie y entró en la cocina. Al ver a Damián desenvolverse con cierta torpeza frente a la estufa, lo llamó con voz ronca:
—Damián.
Al oír su voz, Damián se volvió por instinto. Cuando vio a Scarlett en la puerta, frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué haces ahí? Ve a sentarte afuera. La cena casi está lista. Solo espera y come.
Al ver el sudor cubriendo su frente, a Scarlett le dolió el corazón. Pero dijo:
—Quiero ir a ver al señor Huntley.
Al oírla, las manos de Damián se quedaron inmóviles. Ocultó enseguida su reacción y luego se volvió con una sonrisa radiante.
—¿Cuándo quieres ir?
Scarlett respondió:
—Esta tarde.
Damián hizo una pausa, sabiendo que no podría evitarlo para siempre.
No se negó. En vez de eso, aceptó:
—Está bien. Iré contigo.
Scarlett asintió, con los ojos rojos.
—Gracias.
Damián sonrió.
—Ve a descansar. La cena estará lista pronto.
Sus ojos rebosaban ternura y adoración. Cuando Scarlett vio el amor sin disimulo en ellos, el corazón le tembló.
Cuando Scarlett se alejó de la puerta de la cocina, la mente de Damián empezó a correr a toda velocidad, tratando de encontrar la forma de impedir que fuera al hospital esa tarde.
Aunque sabía que no podría ocultar la verdad para siempre, Damián quería aplazarlo tanto como fuera posible.
Estaba tan absorto que no notó que la comida empezaba a quemarse.
Preso del pánico, tomó la espátula para voltearla.
Pero cuando su mano cerró sobre el mango, el intenso calor lo hizo soltar la espátula al suelo por reflejo.
Mientras esta caía con estrépito, bajó la mirada hacia ella y una infinidad de ideas cruzó por su mente.
Al final, solo se le ocurrió una solución.

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